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Los plañideros del hoy: Lamentaciones 5 a la luz del desplazamiento forzado en Colombia

Los plañideros del hoy: Lamentaciones 5 a la luz del desplazamiento forzado en Colombia

David S. Ruíz
David Santiago Ruiz Cataño es un estudiante de 23 años, natural de Medellín, quien es uno de los líderes de la iglesia "Manantial de Paz", de la denominación Hermanos Menonitas de Colombia. Él aquí nos comparte un ejercicio de la clase de Escritos, en el cual nos presenta el desafío de leer un texto del libro de Lamentaciones, contra el trasfondo del fenómeno del desplazamiento en la Colombia de hoy, extendiéndonos además una invitación a asumir como nuestro del dolor de los miles que hoy sufren profundamente por las innumerables y profundas pérdidas que trae consigo el desarriago violento.


Introducción

En Colombia siguen felices, como si no se notara lo que está pasando alrededor. En la esquina han asesinado a una de las personas más queridas del barrio, y el tendero, borracho con todos sus amigos, mantiene prendido el equipo a todo volumen un domingo caluroso, soltando carcajadas. En “La divisa”, un barrio de Medellín, un combo hace respetar su territorio disparando a dos jóvenes sentados en un bar, mientras que al frente tiene su culto una iglesia cristiana, y a pesar de los disparos, el grupo de alabanza prosigue su canción rimbombante: “¡alegres, alegres, es la gente que ama a Dios!”.

En Colombia la algarabía no para, como si no se notara lo que está pasando en el país: en el año 2012, se registraron 23.742 muertes violentas[1] (Minuto 30, 2012). En 2013, hay 3,9 millones de desplazados de manera forzosa[2] (OIDHAC, 2013). La cifra de desaparecidos, a principios del 2012, ascendía a 61.604 personas[3] (EL ESPECTADOR, 2012). Y ¿cómo es que siguen bailando en Navidad, Año Nuevo y los días de madres? ¡Dejen ya la batahola! ¡Absténganse del griterío¡ ¡Paren los parlantes! ¡Hagan silencio ya! Es momento de reflexionar, y de llorar. Es lo lógico; a eso invita el panorama del país. “Y quizá así el favor de Diosito lindo hará el cambio”[4].

Este puede ser fácilmente el pensamiento de los desplazados colombianos que caminan diariamente por las periferias de Medellín, Barranquilla, Bogotá o Cali. Es que son estos desplazados los cantores del lamento, desaparecidos de la esfera nacional. Y bien, si estos desplazados hubieran conocido y estudiado el libro de Lamentaciones, ¿podría ser Lamentaciones 5 su estío divino en el invierno de la desidia colombiana? ¿Se sentirían estos plañideros de hoy identificados con los cantos fúnebres de los plañideros de antaño en el reino de Judá, hace más de dos milenios y medio? Pues son esas preguntas las que esta investigación intentará hacerse. Después de una exposición de los asuntos introductorios y del contenido tanto exegético como teológico de Lamentaciones 5, se pasará luego a trasladar el mensaje de este lamento a la realidad del desplazamiento forzado en Colombia, así como evaluar su sintonía con la sociedad y con la iglesia.

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Asuntos introductorios a Lamentaciones 5::

En el trasfondo histórico, los judíos vivieron en carne propia la humillación de ser deportados de su tierra a Babilonia tres veces. La primera deportación data del 597 a.C., la segunda en el 587/6 a.C., y la tercera en el 582 a.C. En la primera, la potencia babilónica desterró a los altos mandos civiles y religiosos de la nación judía, así como a la gente educada y artesanos, dejando al pueblo sin gobierno y sin productividad. En la segunda, gran parte de la población más o menos pudiente que quedaba es llevada cautiva, y en Judá sólo quedan viñadores asignados por el imperio, junto a la gente más pobre. Después de esta deportación la ciudad quedó casi desocupada y el templo hecho pedazos. Años después, antes de la tercera deportación, otra parte de la población que había quedado en Judá huyó a Egipto[5].

El libro de Lamentaciones recuerda estos sucesos. Aunque no se puede descartar que haya sido escrito luego del 538 a.C.[6], en el comienzo de la restauración de Judá, hay más argumentos para pensar que fue escrito entre y durante el tiempo de la primera deportación hasta poco antes de la tercera. Lamentaciones 5 parece haber sido redactado pocos años después de la segunda deportación.

Aunque el debate de si el libro fue escrito por un autor o varios, o de si en realidad fue Jeremías quien escribió el libro todavía persiste[7], se optará por decir que el autor de Lamentaciones 5 tenía oficio de poeta, no de profeta, aunque éste podía ser oyente contemporáneo de Jeremías y sus profecías. Este poeta fue el compilador del libro en su forma final, y es posible suponer que oficiaba como plañidero contratado para rituales fúnebres. Un plañidero era un cantante de elegías, a quien le pagaban para cantar sus canciones en memoria de una persona fallecida o  de un evento desastroso (Cazelles, 1981).

Junto a los demás lamentos que componen el libro, Lamentaciones 5 era usado en la liturgia para conmemorar el día cuando el templo de Jerusalén fue destruido. Esta conmemoración se celebraba el nueve de abril, en formato de ayuno nacional (Cazelles, 1980; Morla, 1994). Este lamento es evidentemente una súplica comunitaria, muy parecida a las encontradas en el Salterio (los salmos 44 y 74 son los más semejantes). Quien leía esta súplica hacía las veces de portavoz, mientras el pueblo la oía y repetía (Morla, 1994).
           
El susodicho lamento no es un acróstico, como los demás en el libro, aunque los 22 versos que lo componen hacen referencia a las 22 letras del alefato[8]  y está escrito con un sabor a asonancia, pues la mayoría de sus hemistiquios terminan con la vocal súruq[9]. Cada uno de sus versos está estructurado bajo el lineamiento de los paralelismos sinonímicos[10].
           
Por las descripciones detalladas del estado de Sión luego de la destrucción del templo, es posible afirmar que el poeta, o bien era uno de los que huyó a Egipto, o era uno de los que permaneció en Judá. Quizá este último lamento era dirigido a ellos de manera especial (Boasse, 2008).
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Estructura propuesta para Lamentaciones 5::
           
En cuanto a su estructura, Lamentaciones 5 se deja leer como una inclusión entre el versículo 1 y los versículos 21 y 22. Esto puede sostenerse gracias al uso de los verbos en imperativo dirigidos a Jehová, cuyo nombre aparece explícitamente sólo al principio y al final. Así, el poeta, y con él todo el pueblo, introduce con el versículo 1 el resumen de la desgracia que comenzará a describir en los siguientes, y concluye con los versículos 21, 22 en una impetración máxima a la misericordia de Yavé[11].
           
Dentro de dicha inclusión, los versículos 2 al 10 relatan de qué manera el pueblo ha quedado desprovisto de todo el bien material que les proveía la tierra. La tierra, manifestación del pacto y del amor de Yavé, se ha vuelto en su contra (v.2). Los recursos primarios, como el agua y la madera para hacer fuego, que antes conseguían gratuitamente, ahora deben comprarla (v.4)[12]. En aras de poder sobrevivir, deben esforzarse hasta el cansancio por conseguir alimento y dinero (v.5), deben sufrir la humillación de pedirle prestado a los gentiles el sustento diario (v.6) y deben pelear con criminales para poder obtener pan (v.9). El hambre es tanta que la fiebre se vuelve su peor enemigo, al resquebrajarles la piel profundamente (v.10). Su tierra, y el alimento que de ella sale, son ahora propiedad de extranjeros.
           
Los versículos 11 al 18 exponen la otra cruda realidad: la ciudad santa, la Sión de Dios, ha sido profanada. Las jovencitas que se conservaban vírgenes dentro de la ciudad fueron violadas (v.11); las autoridades civiles fueron sometidas (v.12); los ancianos, símbolo de sabiduría, no eran ni respetados (v.12, 14); los jóvenes, símbolo de vigor y libertad, eran ya esclavos enclenques, desmoronados por llevar tanta leña bajo sus hombros (v.13). Ver la ciudad santa en ese estado sólo provocaba dolor y tristeza (vv.14, 15); Sión estaba poblada, ya no por gente vivaz y satisfecha, sino por moribundos y por animales (v.18).
           
Sin embargo, los versículos 19 al 22 resucitan la esperanza en medio de tal dolor: es Yavé, al final, quien gobierna sobre todo (v.19). Es el apelar a su misericordia, que nunca olvida a su pueblo, lo que al final les hará volver de la situación en la que se encuentran (v.20). Sabe el pueblo que Yavé no estará enojado por siempre, que su amor en cualquier momento redimirá su situación, a pesar de haberle ofendido sobremanera con su pecado (v.21, 22).
           
Tal estructura no deja lugar a dudas que, desde los tiempos antiguos hasta los modernos, no hay mejor manera de expresar un dolor tan agudo, y que a la vez sirva como súplica por redención, que no sea a través del uso del canto y de la poesía (Fernández, 1998; Mayoral, 1994). Si para algo servían los plañideros, era para traer con sus cantos la catarsis, el consuelo de llorar por lo que se ha perdido, para después poder recobrar la sonrisa. 
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Teología de Lamentaciones 5::

A pesar de lo dicho, adormece bajo tal telón una perspectiva judía más radical: aquellos que creían que Dios cumpliría sus promesas por muy malos que fueran, pronto verían cuán equivocados estaban. Dios sí castiga, y su castigo es sumamente duro. Las consecuencias de su pecado están ahora a la vista de todos y nadie pudo dudar de que Dios estaba enfadado porque su pueblo lo había abandonado (Ramis Darder, 2012).            

Pero es la gran paradoja de la ‘hésed’, el amor incondicional de Dios, a la que el pueblo apela. Israel no viene con argumentos para probar que Dios estaba equivocado al castigarlos así; viene con la ofrenda más pura de sinceridad: “Señor, hemos pecado, pero, por tu amor, olvida nuestro pecado, y vuélvenos a Ti[13].”
           
Esta es la imagen de la reflexión teológica durante el exilio y después de él. Estas palabras nos recuerdan a la oración comunitaria de Esdras en Nehemías 9. Al igual que el poeta, Esdras le recuerda a Dios la historia del pecado de su pueblo, desde Moisés hasta sus días, para luego proponerle: “Por lo tanto, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y terrible, que mantienes tu alianza y tu amor, no tengas en poco todas las calamidades que [ha sufrido tu pueblo], desde el tiempo de los reyes de Asiria hasta el presente” (Neh. 9:32).
           
Es imposible no comparar esto a una de esas típicas escenas en donde un niño ofende a su madre, pues no obedeció lo que ella le ordenó. La madre, enojada, lo castiga enviándolo a su cuarto y el niño se va llorando. De repente, luego de pasar dos horas, el niño le dirige unas palabras de arrepentimiento a su madre, para luego expresarle que tiene hambre, y acto seguido, le pide algo de comer. La madre, en efecto, le da de comer.
           
¡Cuán pertinentes se volvían ahora las palabras del sabio en Proverbios 3:11, 12!: “No rechaces, hijo mío, la corrección de Jehová, ni te disgustes por sus reprensiones; porque Jehová corrige a quien ama, como un padre corrige a su hijo favorito”.
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Limitantes de contextualizar Lamentaciones 5 al problema del desplazamiento forzado en Colombia::

Con la estructura y la teología presentadas hasta aquí para este texto, es momento de ver ahora cómo es que Lamentaciones 5 se relaciona con la vida de los desplazados colombianos. Pero antes, es necesario advertir de tres limitantes que no se pueden saldar fácilmente al cruzar este puente hermenéutico.
           
La primera limitante es la condición de los desterrados judíos, en comparación con la de los desplazados colombianos[14]. Los primeros eran ricos e influyentes cuando fueron llevados cautivos; no eran campesinos pobres como la mayoría de los segundos. Además, los desterrados judíos gozaron de una buena situación económica en el exilio a pesar de estar bajo el mando de otros, mientras que los segundos, luego de ser desplazados, terminan viviendo en la indigencia, marginados e ignorados.
           
La segunda limitante es el agente y el contexto donde se desenvuelve el destierro y el desplazamiento. Los desterrados judíos lo fueron por gente ajena a su país, mientras que los desplazados colombianos son desplazados por sus propios compatriotas. Las deportaciones, por lo menos la segunda, fueron masivas y significativas, mientras que, en contraste, los desplazamientos en Colombia son pocos y pequeños individualmente, pero constantes, permanentes.
           
La tercera limitante obedece más al sistema teológico mencionado antes. Los deportados que se lamentaban pertenecían a una religión, y reconocían que todo lo que sufrían era castigo divino. Los desplazados, aunque en su gran mayoría se reconocen como católicos, no necesariamente están obligados a reconocer que su pecado es la razón de su condición de desplazados. Sería un atropello afirmar eso.
           
Lo que sí se puede afirmar es que, entre los tres grupos de judíos: los deportados a Babilonia, los que huyeron a Egipto, y los que se quedaron en Judá, muchos sí esperaban volver al reino del sur, o por lo menos verlo restaurado junto con el templo. Así como había judíos que se acomodaron a su estilo de vida en el exilio, también había judíos que no vivían muy cómodos, o quizá vivían bajo condiciones paupérrimas, y sí anhelaban el Judá de los tiempos de gloria (Ramis Darder, 2012). Pasaba con este último grupo lo mismo que pasa hoy con muchos desplazados colombianos, que anhelan un regreso, guardando las respectivas proporciones.
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Lamentaciones 5 a la luz del desplazamiento forzado en Colombia.::
           
Con todo, no es difícil retroceder a la introducción de esta investigación, y reconocer que los desplazados colombianos viven la misma realidad retratada por el poeta en Lamentaciones 5. Sus casas han sido saqueadas, los platanitos que cultivaban y comían gratis ahora les cuestan 300 pesos que no tienen. Algunos de sus familiares han sido asesinados, sus esposas e hijas han sido violadas, sus hijos han sido secuestrados. En su condición actual, pueden estar trabajando de sol a sol por un mísero mínimo para sostenerse (los afortunados que tienen acceso a un salario mínimo). Puede que mientras se lee este trabajo estén peleando con un habitante de la calle por una aguapanela con leche y pan. Puede que en sus momentos a solas lloren recordando la tierrita de donde se les expulsó. Junto con otros más que se encuentran en su misma condición, pueden estar quejándose ante el Gobierno para que este haga algo por restituirles lo que han perdido[15].
           
Y entonces, Lamentaciones 5 ahora sí que habla. Le habla a muchos de los pastores y miembros de una iglesia, campesinos cristianos, que salieron a la fuerza, desplazados. Ellos reconocen que las consecuencias del pecado son tan fuertes que les afectan, pero confían en que la gracia de Dios los devolverá a la tierra tan querida de sus padres[16].
           
Le habla incluso a los desplazados no-cristianos, quienes se sienten rápidamente identificados con los judíos a través de este lamento, y comparten el sentimiento de que Dios, en algún momento, hará algo por ellos[17].
           
Le habla a la sociedad, que margina e ignora a los desplazados, para que pueda acogerlos, para que los identifique como personas, pero sobre todo, para que pueda escuchar sus historias. Le habla a la iglesia dentro de esa sociedad, que continuamente ignora sus testimonios y lamentos, por preferenciar a la mayoría impávida que sólo quiere escuchar doctrina y deleitarse en el Señor.
           
En una súplica donde la comunidad continuamente llora por su condición, es ilógico que haya personas alegres porque con ellos no es el cuento. La comunidad redimida por la sangre de Cristo debe seguir la instrucción paulina de llorar con los que lloran (Ro.12:15).
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Conclusión::
           
¡Callen por un momento los gritos atiborrados de gozo! ¡Cese por un momento la danza y la farra! Ha llegado otra vez el momento de los plañideros, ha llegado el momento de la reflexión y del llanto. Ha llegado el momento de la elegía y el lamento. Ha llegado el momento para que sean aquellos que lloran, como los desplazados por la violencia, los que expongan ante Colombia su gemir amargo, y así Colombia sienta, y así se duela, y así permanezca por un buen rato, y así se sensibilice, y así busque transformar de verdad el problema.
 
“Y quizá así el favor de Diosito lindo hará el cambio”.
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Referencias::
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[1]                [1] El periódico electrónico Minuto 30 (2012) titula uno de sus artículos con esta cifra, sacada de los registros del departamento de Medicina Legal Colombiana.
[2]                [2] El ACNUR (2013) (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) presenta, hasta mayo de 2011, 3,7 millones. CODHES, para principios del 2013, registra 3,9 millones de desplazados, así lo anuncia OIDHACO (2013) (Oficina Internacional de los Derechos Humanos Acción Colombia).
[3]                [3] El periódico El ESPECTADOR (2012) dedica un espacio a esta noticia el mes de abril. Relata las peticiones desesperadas de los familiares que adolecen por la desaparición de sus seres queridos.
[4]                [4] Esta frase se convirtió en el final del poema de un niño desplazado que participó por un momento corto en el Festival Internacional de Poesía de Medellín en junio de 2012, y con el que expuso su testimonio y reflexiones parecidas a la problemática con la que comenzó esta introducción. El escritor de esta investigación estuvo presente cuando se leyó este poema, del cual no quedan memorias oficiales. Si se desea conocer más acerca de este festival, y de cómo los desplazados participan de él, puede visitar: http://www.festivaldepoesiademedellin.org/pub.php/es/Festival/XIX_Festival/Comunicados/cruz.html
[5]                [5] En su libro La comunidad del amén: identidad y misión del resto de Israel, Ramis Darder (2012) resume un excelente trasfondo histórico de estas deportaciones y los tres grupos en los que se dividió el reino del sur, con las implicaciones que trajo esto a la reflexión teológica del pueblo.
[6]                [6] Archer (1977), Morla (1994) y Harrison (1998) hacen alusión a estas dos alternativas sobre la fecha de composición tanto del libro como de los lamentos individuales. Ninguno lo fecha luego del 538 a.C.
[7]                [7] Desde hace ya media centuria se continúa hablando de si fue un solo escritor o fueron varios los que escribieron el libro. Ya Cazelles (1981) mencionaba la discusión. Cada uno da sus razones, desde Harrison (1998), todo el libro redactado de una sola pluma, hasta Morla (1994), una compilación de poemas creado por varias tintas unidas por un compilador. La discusión afloró recientemente. Houk (2005) arguye que en efecto sí se puede hablar de múltiples poetas escribiendo secciones de Lamentaciones, mientras que Assis (2007; 2009) alega por una unidad autorial en el libro gracias a los temas universales que se tocan en él.
[8]                [8] Es recomendable aquí leer el artículo sobre las reminiscencias de acróstico que define Guillaume (2009), para tener un acercamiento más profundo a su estructura literaria.
[9]                [9] La terminación aparece 33 veces en todo el lamento, utilizada como sufijo pronominal para sustantivos en plural o singular, como sufijo verbal y como pronombre personal añadido a una preposición. Tal terminación traduce en español un ‘a nosotros’, ‘nuestro(s)’ o ‘nos’
[10]               [10] Alonso Schökel (1997) señala que “lo que llamó la atención en estas elegías era la forma ‘quebrada’, el alternar hemistiquios o versos impares más largos y de versos pares más breves” (161).
[11]               [11] Morla (2004) incluso reconoce una estructura quiástica en el uso de los pronombres. Los versículos 1, 2 el ‘tú’, ‘nosotros’; los versículos 3 al 10 el ‘nosotros’; los versículos 11 al 14 el ‘ellos’; los versículos 15 al 17 el ‘nosotros’; los versículos 19 al 22 el ‘tú’, ‘nosotros’.
[12]               [12] Como nota suplementaria, hay una variante entre el TM y la LXX en este verso. Donde el TM traduce ‘nuestras aguas’, la LXX traduce ‘nuestros días’.
[13]               [13] Morla (1994) lo resume así: “Aunque el israelita sabe que Yahvé ha actuado sin compasión en la destrucción de la ciudad y del estado, su fe le hace al propio tiempo consciente de que la misericordia de Dios es inagotable, en realidad el último reducto al que puede acogerse el hombre” (p.501). En otra ocasión, Morla (2004) incurre en otra reflexión: “Se diría que Israel está pasando por el crisol del dolor, dolor que acaba purificando también su teología” (p.420).
[14]               [14] El perfil de los desterrados judíos ha sido configurado mayormente uniendo las aproximaciones de varios autores citados anteriormente (Boase, 2008; Fernández, 1998; Mayoral, 1994; Morla, Lamentaciones, 2004). El perfil de los desplazados es configurado uniendo las aproximaciones de otros autores estudiados en el tema del desplazamiento (Bello, 2003; UNHCR-ACNUR, 2007)
[15]               [15] Así lo reflejan gran parte de sus testimonios recogidos por periodistas (Bello, 2003), por instituciones interesadas (Bravo, s.f.) o por ONG’s (ACNUR, 2007; OIDHACO, s.f.).
[16]               [16] Ese es el sentir que deja la investigación hecha por JUSTAPAZ - CEDECOL (2012) al publicar su cartilla Un llamado profético No 6/7: las iglesias cristianas documentan su sufrimiento y su esperanza. En esa cartilla se recogen más de 150 casos de cristianos desplazados y amenazados que surgen a diario.
[17]               [17] El trabajo de la iglesia Manantial de Paz en la Ceja, con su proyecto de Reconciliación y No-violencia, ha recogido y documentado varios de los pensamientos de este sector poblacional, que surgen de los talleres y estudios bíblicos grupales que allí se realizan. Este escritor está inmerso en ese trabajo, y conoce de primera mano tales casos y testimonios.
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