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Zaqueo: un modelo para el desarrollo de una ética profesional cristiana

Andrés Rincón


Zaqueo: un modelo para el desarrollo de una ética profesional cristiana

Para empezar, es importante hacernos algunas preguntas con respecto al contexto en el cual Lucas ubica el relato del encuentro entre Jesús y Zaqueo: ¿Por qué es este el único evangelio que relata la historia de Zaqueo? ¿Por qué ubica el autor esta historia en este lugar específico?  Estas preguntas nos  llevan a hacer algunas precisiones necesarias.
 
En el capítulo inmediatamente anterior de su obra, Lucas ubica el encuentro de Jesús con otro personaje, el hombre conocido como “el joven rico” (Lc 18:18-30), con lo cual pareciera querer establecer un paralelo entre estos dos hombres: uno un “principal”, aceptado por la comunidad como buen judío, cumplidor de la ley y fiel a su país y el otro tal vez igualmente rico pero en su condición de publicano (es decir, un recaudador de impuestos para Roma), era considerado por esa misma comunidad como un despreciable pecador, estafador y colaborador del enemigo.  ¿Cuál es la diferencia entre estos dos hombres?  Lucas parece hacer un trabajo minucioso de investigación para presentarnos esas diferencias, como veremos más adelante.
 
Llama la atención que Jesús pareciera estar haciendo una parada “innecesaria” en Jericó, donde decide detenerse para tener un encuentro muy especial con un hombre, tal vez el hombre menos adecuado para que un maestro o rabí se reuniera para hablar y hasta comer en su casa.  Por eso la perplejidad y el descontento del pueblo al verlo entrar en la casa de alguien tan desprestigiado.  Zaqueo, por su parte, había decidido salir a ver a Jesús a su paso por la ciudad y decide subirse a un árbol grande y frondoso para ver pasar a Jesús, una posición incómoda y poco digna, que señala la intensidad del deseo de Zaqueo por siquiera ver pasar a Jesús.  Cuando éste lo ve montado en el árbol, le dice “...desciende, date prisa porque hoy estaré contigo”.  Zaqueo entonces obedece presuroso, feliz de dar la bienvenida en su casa a un personaje tan importante, seguramente sin tener ni idea de lo que esto habría de significar en su vida.
 
Es interesante ver aquí la diferencia entre la actitud de Zaqueo, quien reacciona frente a Jesús con un cambio radical y gozoso en su vida y el joven rico, quien se retiró triste al reconocer que no podía hacer lo que Jesús le demandaba para seguirle.  Paradójicamene, la reacción de Zaqueo desnuda la fricción tan notoria que se evidencia en el evangelio de Lucas entre los que se sentían buenos y aprobados por el pueblo y por Dios (en especial los escribas, fariseos y principales del pueblo) y aquellos que se acercaban a Jesús y que no se sentían o no eran vistos como dignos de acercársele y hablar con él.  Por eso se entiende la reacción del pueblo en el verso 7, donde se les ve murmurando y quejándose porque, según la moral de ellos, no era correcto que Zaqueo recibiera semejante honor o gratificación alguna por parte de Jesús, tal como pasó cuando una mujer considerada pecadora derramó aceite perfumado sobre los pies de Jesús (Lucas 7), o el episodio relatado por Jesús mismo, entre otro publicano y un fariseo y que Lucas registra muy intencionalmente (Lucas 18:9-14).
 
Es luego de esto que aparece el corazón de la historia, el centro de la enseñanza que Lucas quería enfatizar en el encuentro entre Jesucristo y este despreciado recaudador de impuestos.  No queda claro si Zaqueo se pone de pie en respuesta a los cuestionamientos que se le hacen a Jesús o si lo hace al serle revelada la Palabra y alcanzar salvación, pero cualquiera que haya sido la razón, se pone de pie y anuncia que restituirá e indemnizará materialmente a quienes robó y oprimió.  Así, Zaqueo se compromete públicamente delante de Jesús y de todos los demás testigos presentes, a dar la mitad de todos sus bienes a los pobres y devolver cuatro veces lo robado a sus víctimas.
 
¿Qué podemos aprender de Zaqueo y su decisión?  ¿Cómo nos puede aportar su experiencia al desarrollo y la vivencia de una ética profesional bíblica que guíe nuestra manera de pensar y de actuar?  ¿Qué desafíos nos plantea Zaqueo?
 
Lo primero que cabe resaltar es que Zaqueo no actúa bajo ninguna presión de Jesús; él no es llevado por Jesús a tomar la decisión que tomó, sino que por su propia cuenta decide entregar la mitad de sus bienes, a diferencia del joven rico, a quien Jesús sí le pidió que entregara sus riquezas a los pobres y quien al final decide no hacerlo.  Zaqueo, por el contrario, lo hace por iniciativa y voluntad propias y no por mandato de Jesús, lo cual desde ya nos debería señalar que como cristianos, nuestra ética profesional y personal no puede ser vista como una imposición, sino que debe ser una decisión espontánea, fruto de habernos encontrado con Jesús, ya que es imposible que un verdadero encuentro con Cristo nos deje tal como estábamos antes de que se diera.  Un encuentro con Jesús debe causar un cambio inmediato y radical en nuestra forma de pensar y de actuar.
 
Calvino dijo:
 
Miremos que Zaqueo no hace un regalo a Dios para extorsionarlo, como muchos hombres ricos hacen, que entregan lo que han obtenido deshonestamente, pensando así que pueden seguir cometiendo sus fechorías en un futuro y pensando que son absueltos de sus errores pasados.  Pero Zaqueo decide dar la mitad de sus bienes a los pobres, así que no solo está dispuesto a dar por satisfacción personal, sino que demuestra que cambia de ser un lobo, no solo en oveja, sino incluso en pastor.  Y mientras corrige los defectos que antes había cometido, renuncia las prácticas perversas para el futuro, dándonos ejemplo de despojarnos para ayudar a los necesitados y hacer el bien a nuestro prójimo siempre.[1]
 
De esta manera Zaqueo nos plantea por lo menos tres desafíos que nos pueden guiar en el desarrollo de una ética para nuestro desempeño profesional:

Primer desafío: entrega.

El primer desafío que nos presenta Zaqueo es una entrega desinteresada, porque al encontrarse con Jesús, y en un acto puramente voluntario, decide entregar la mitad de sus bienes a los pobres.  Él bien pudo haber entregado solo el diezmo, o las primicias, o cualquier porcentaje que hubiera querido y que no afectara su fortuna, pero su encuentro personal con Cristo lo llevó a entregar la mitad de sus posesiones, entrega que podemos calificar de desinteresada porque evidentemente no estaba esperando nada a cambio.  Después de declarar su decisión, Zaqueo no dice nada como “Jesús mira lo que hago por ti” ni nada parecido.  Se puede sentir el desinterés de Zaqueo en esto y –a diferencia del joven rico, que se acerca a Jesús con el fin de hacer con él una especie de negociación para ganar la vida eterna-- Zaqueo simplemente decide entregar la mitad de su riqueza sin importar qué recibiría a cambio, simplemente como resultado de haberse encontrado con Jesús.  Ahí es donde el ejemplo de este hombre debe tocar nuestras vidas, las cuales deberían mostrar una entrega generosa y desinteresada, para que nuestros actos sean siempre para glorificar a Dios, sin esperar recompensa (aun sabiendo que esta cierta y eventualmente llegará), pero sin que esa sea nuestra motivación.  Estamos llamados a estar siempre dispuestos a tomar nuestra cruz y seguir a Cristo, a poner nuestros deseos y anhelos en sumisión a la voluntad de Dios.
 
¿Cómo sería de diferente nuestra sociedad si existieran más hombres dispuestos a anteponer las necesidades de otros a sus anhelos personales, más hombres entregados y con capacidad de dar todo por Dios y por los necesitados?  ¿Cómo serían las cosas si en el ejercicio de nuestras profesiones y en nuestra búsqueda del éxito personal tuviéramos en cuenta al pobre y al necesitado, al menos en el mismo nivel que nuestros deseos y beneficios personales?
Así es como un verdaero encuentro con Jesucristo nos debe llevar a ser personas de entrega, y nuestra vida llena de acciones desinteresadas para Dios, su reino y para nuestro prójimo, sobre todo el más necesitado.
 

Segundo desafío: transparencia.

Cuando Zaqueo declara que si en algo había defraudado lo devolvería, se está exponiendo públicamente a ser escrutado, lo que no es fácil para nadie.   Exponerse públicamente a una evaluación, es estar dispuesto al escarnio público, es no tener nada escondido, es ser transparente, tanto delante de Dios como de los demás y creo que muy pocos estamos dispuestos a eso, a no tener nada que esconder, a dejar que otros nos escudriñen, a que miren si hemos obrado mal, aun sabiendo que sí lo hemos hecho.  El punto importante aquí es que Zaqueo, aun sabiendo que sería juzgado y criticado por haber obrado mal, se dispone a ser transparente, porque su encuentro con Jesús transformó no solo su conducta pública sino hasta su forma de actuar secretamente.  Aun más, ese encuentro transformó su mente y la pecaminosidad de su conducta le fue evidente, por lo que decide cambiar y empezar a vivir honestamente, aun pagando costos altos y dolorosos, como el de ponerse en la palestra pública para ser juzgado.  Esto es congruente con la enseñanza de Jesús registrada por Lucas en el capítulo 12: “Porque no hay nada encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse” y creo que un punto importante que Lucas quiere recalcarle a sus lectores es ese: la transparencia es necesaria en nuestros actos, aun cuando esta traiga consecuencias personales como la de ser expuestos públicamente a ser juzgados.  Zaqueo nos deja en este respecto un desafío grande: el que nuestros actos sean evidentes a los demás, estando dispuestos a rendir cuentas a otros, a no tener cosas ocultas, a ser transparentes y poder así mirar a los demás hombres a los ojos, sin nada que esconder.
 
Para nuestro ejercicio profesional, pero sobre todo para nuestro carácter es de mucha bendición saber y poder decir que nos pueden escudriñar, que pueden mirar nuestra vida, que no hay secretos profundos, ni cosas escondidas, que ante Dios estamos a cuentas y que no debemos nada a nadie; que podemos ser objeto de estudio y escrutinio.  ¿Cómo sería si todos fuéramos más transparentes en todas las áreas de nuestra vida?
 

Tercer desafío:  restauración.

Zaqueo fue más allá de exponerse a ser investigado públicamente.  Al decidir restituir y aun indemnizar a quienes había defraudado, es probable que se estuviera exponiendo a tener que entregar la otra mitad que le quedaba de su riqueza.  Él se compromete a devolver cuadruplicado el monto de lo que había tomado deshonestamente, yendo así mucho más allá de lo que demandaba la ley mosaica, la cual obligaba a devolver cuadruplicado o hasta quintuplicado solamente lo que se hubiera robado violentamente (Éxodo 22:1).  Si se trataba de un robo ordinario y no se podían devolver las cosas robadas, había que pagar el doble de su valor (Éx. 22:4-7), pero si se confesaba el robo y se hacía restitución voluntaria, había que devolver el valor de lo robado más una quinta parte (Levítico 6:5; Números 5:7)[2].
 
Vemos entonces a Zaqueo dispuesto a hacer más de lo que demandaba la ley y a mostrar con sus obras que había sufrido una seria transformación a partir de su encuentro personal con Cristo.
 
Este es el último y gran desafío que nos deja Lucas en el relato de Zaqueo: que debemos estar dispuestos a restituir y a resarcir a quienes hayamos ofendido o a aquellos de quienes hayamos abusado.  No importa el costo de la restitución; debemos estar dispuestos a hacerlo, cuéstenos lo que nos cueste.
 
Un verdadero encuentro con Jesús nos debe llevar a esto, a estar dispuestos a entregar todo por amor de su nombre, por querer agradarlo y por querer estar a paz con nuestros hermanos.  Aquí vemos a Zaqueo no sólo  dispuesto a entregar la mitad de lo que poseía; lo vemos en realidad dispuesto a entregar todo por Jesús.  Cuando nos encontramos con Él, debe haber una evidencia tangible del efecto de ese encuentro, porque la conversión no se demuestra con palabras solamente sino también con hechos.  Para nosotros como profesionales cristianos es de suma importancia recordar este principio de estar dispuestos a resarcir a quienes hayamos agraviado, porque el perdón está acompañado de la restitución, de la entrega, y de estar dispuestos a “perder” por causa de Jesús, lo que, en honor a la verdad, nunca será en realidad una pérdida.
 
¿Cómo serían las cosas en nuestro país si todos estuviéramos dispuestos a restituir a quienes hemos hecho el mal? ¿Cómo cambiarían las cosas si el pedir perdón viniera acompañado de un propósito de restitución y no del simple olvido?
 
Quisiera terminar estta reflexión con dos anotaciones finales: la primera es que Jesús, al ver la actitud y las decisiones de Zaqueo, hace dos cosas muy importantes: por un lado, enmarca todo este evento dentro del contexto de la salvación cuando le dice en el versículo 9: “Hoy ha venido la salvación a esta casa”. Eso es precisamente lo que hace Jesús, es decir, traer la salvación a una familia a través de un hombre dispuesto a entregar y entregarse, a ser transparente y a restituir, porque la llegada de la salvación a la vida de una persona se manifiesta con actos específicos (en el caso de Zaqueo, con un profundo deseo de restituir el daño causado y de cambiar su vida y sus actos).  Por otro lado, es importante notar cómo le devuelve Jesús la dignidad a Zaqueo, restituyéndolo a su posición como Hijo de Abraham.  Como consecuencia, ya no sería más despreciado, rechazado o juzgado, porque a raíz de su transformación, su identidad es restablecida y confirmada por Jesús. 
 
Así también nosotros, quienes nos identificamos como cristianos, aunque en otro tiempo estábamos perdidos en nuestros pecados, ahora hemos encontrado el camino de la salvación a través de nuestro Señor Jesús y la restauración de nuestra dignidad al ser elevados a la condición de hijos de Dios.
 


[1] CALVIN, John. Commentary on Matthew, Mark, Luke - Volume 2. Christian Classics Ethereal Library. Grand Rapids. Public domain. Internet (traducción mía).

[2]   BARCLAY, William. Comentario del Nuevo Testamento – Volumen 4. Editorial Clie, 1970. Pags. 284-285