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Exégesis y contextualización de Génesis 1:1-2:3

Exégesis y contextualización de Génesis 1:1-2:3

Introducción

La historia es testigo de que hubo un tiempo en el que la mayoría de las personas no se preguntaban con mucho ánimo sobre los orígenes del universo; eso era solo cuestión de aceptarlo, creerlo y glorificar a Dios por tan grande creación. Tal vez eran tiempos en donde no había otra opción, pues quien negara o se parara a defender una teoría diferente, probablemente terminaba ardendo en llamas. Sin embargo, vivimos en un tiempo diferente y en un mundo que ha ido cambiando, marcado por la libre expresión. Estamos en una cultura donde cada vez más se reevalúan las teorías bíblicas que, en ocasiones, no concuerdan mucho con los parámetros que dicta la ciencia.

Así pues, cabe preguntarse ¿Es Dios realmente el creador del universo? ¿Debemos tomar los relatos de los orígenes como literales? ¿Se pueden toamr esos relatos como históricos? ¿Afecta de algún modo la fe cristiana la negación de la historicidad de estos relatos? Esas son preguntas que debemos hacernos, no solo por dar razón de nuestra esperanza, sino por conocer cuál fue el verdadero propósito por el que se escribieron estas maravillosas obras literarias, y así mirar aquel mensaje que trasciende para nuestra época.

Para abarcar este tema, se intentará hacer un acercamiento desde diferentes ángulos. Nos guiaremos por los factores que nos dicta la hermenéutica, y así podremos acercarnos a esos relatos con sensibilidad teológica, literaria y exegética.

Contenido

Un acercamiento cuidadoso al texto sugiere que se trata de una obra poética, aun cuando carece del ritmo propio de la poesía hebrea. De continuo, podemos ver que hay un juego estilístico, por parte del autor, con los días de la creación. El primer día parece relacionarse con el cuarto; el segundo con el quinto y el tercero con el sexto. Un primer grupo provee el trasfondo necesario para lo que se crea en el segundo grupo. Notamos, por otra parte, que el texto nos lleva directamente al clímax tanto de la creación como de la obra literaria en sí. Hay una expresión repentina que pone alerta a cualquier lector. Se viene hablando de que lo que iba siendo creado, iba produciendo ya sea vegetales o animales para su población; sin embargo, al crear al hombre, el autor involucra la mano de Dios, quien dice: “Hagamos al hombre” y aún más, pone en él su imagen y semejanza, cosa que no hizo con ninguna de las demás criaturas.

Muchos han objetado que Génesis 1 y 2 son independientes e incoherentes. Se trata aquí de dos relatos que se complementan puesto que uno es la creación en conjunto con todo y ser humano y el otro se encarga de mostrar los detalles de aquella creación humana. El segundo relato se deja ver como una explicación y ampliación del primero. Por otra parte, con la teoría de Darwin, hubo todo un debate sobre la evolución y la creación. De hecho, muchos creyentes apoyaron diversas teorías que estaban meramente relacionadas con la ciencia, es decir, apoyaron la evolución. Sin embargo, tenemos que preguntarnos ¿Qué era lo que querían decir los textos cuando fueron escritos? ¿Qué pensaban sus primeros lectores? Si deseamos comprender el mensaje teológico del texto, nos beneficiaremos al situarlo en el contexto de la cosmovisión del mundo antiguo en lugar de aplicarle simplemente nuestra propia perspectiva cultural.

Vale la pena recalcar que cuando Dios se dirige a Israel, echa mano de conceptos e instituciones que ya existen en las culturas del Antiguo Medio Oriente, como por ejemplo: el pacto, las ofrendas, los sacrificios, el tabernáculo, el templo. Así pues, existe, por otro lado, una serie de documentos procedentes del Antiguo Oriente Próximo que tratan extensamente sobre la creación. La pregunta que debemos hacernos es ¿Qué tipo de literatura son estos documentos y qué tipo de literatura son los relatos de la creación en la Biblia? Es importante notar el tipo de literatura porque de esto depende la interpretación del texto. Estos primeros capítulos de Génesis sí comparten elementos comunes con la mitología de Mesopotamia y Egipto, pero lo que realmente debemos saber es si estos textos tuvieron alguna dependencia literaria, puesto que se ha sugerido que el relato bíblico refleja una perspectiva similar a la mitología de las religiones vecinas, especialmente con los relatos de la creación.

Dicho esto, tenemos que tener en cuenta que aún cuando los relatos de Génesis tienen ecos similares con los mitos mesopotámicos, no comparten las características generales de esta mitología, sino que por el contrario, el relato bíblico corrige y refuta los relatos mitológicos. Se usa esta forma literaria para resaltar el contraste entre la cosmovisión bíblica y la cosmovisión mitológica.

Si suponemos que Moisés escribió esta porción, podríamos decir que fue un intento de dejar explícita la diferencia entre lo que Dios hizo al crear al universo y al hombre y lo se creía de las mitologías egipcias. Estas diferencias son muy significativas, puesto que se establece una especie de “contracultura” utilizando la pericia literaria y la cosmovisión divina. Por citar algunos ejemplos, mientras que las cosmogonías mitológicas incluyen el origen de los dioses mismos, en Génesis hay un Dios y no es creado sino que crea. Por otro lado, en los mitos hay una continuidad entre los dioses y lo creado, mientras que Génesis propone una discontinuidad. De igual manera, en los mitos se inician los relatos con el caos, mientras que en Génesis se afirma que aún el caos proviene de un acto creador de Dios. Otros ejemplos podrían ser la autoridad absoluta de Dios quien, solamente con su Palabra llama a la existencia lo que no existe, o el considerar la materia buena en gran materia; etc. Los primeros capítulos de Génesis plantean un marco nuevo, una nueva óptica para mirar la realidad. ¿Quiere decir que esto que Dios se acomoda a la cultura? No necesariamente; lo que hace es tomar los elementos culturales y revertirlos a su pensamiento.

Otro aspecto a mencionar es la tensión entre creación y evolución. Primero que todo, la teoría Darwiniana acumula una serie de presuposiciones que se pueden clasificar como mitos y que ella da por sentadas, como por ejemplo la idea de una naturaleza autocreadora que actúa por medio del azar, la cual requiere una fe optimista en el progreso. Estas presuposiciones no son datos científicos; se trata de un mito moderno que sí hace un contraste con la perspectiva bíblica de Dios como Creador del universo. Sin embargo, debemos tener en cuenta que no podemos encontrar al Dios creador por medio de la investigación científica. Las cadenas de causa-efecto nunca pueden llevar a Dios.

El lector prevenido se dará cuenta de que el texto no siempre usa los términos de la misma manera – lo que se ve claramente en la palabra “día”–. Esto ha llevado a algunos comentaristas a pensar que no necesariamente son días de 24 horas, sino más bien largos periodos de tiempo y así afirmar que puede haber la posibilidad de que incluso haya habido una micro-evolución o, más aún, que hubo una evolución al estilo de la que propone Darwin, pero hubo un momento cuando Dios intervino para poner su Espíritu en aquella última faceta como somos hoy en día.

Afirmamos pues que la creación ex nihilo es la más compatible con la creencia judía, es decir, una creación a partir de la nada. Con esto se rechaza la creencia de que la materia es eterna. De acuerdo a las Escrituras, no hablamos de un Dios que da forma a la materia preexistente, sino de un Dios que crea todo cuanto existe por medio de su Palabra soberana.

Como ya dijimos, el clímax de esta obra resulta en la creación del hombre. El autor quiere mostrar una intervención intencional por parte de Dios para su creación. Aún más, lo crea a su imagen y semejanza, privilegio que no se había concedido a ninguna otra criatura. ¿Pero qué significa tener su imagen y semejanza? En el mundo antiguo se creía que una imagen llevaba en sí, de alguna manera, la esencia de aquello que representaba. Esto no quería decir que la imagen pudiera hacer lo que podía hacer la deidad, ni que tuviera el mismo aspecto que ella. La imagen es una representación física de la esencia divina que se hace cargo de la función de aquello que representa; esto le confiere al portador de la imagen alguna capacidad de reflejar los atributos del representado y de actuar en su nombre.

Resumiendo un poco, es evidente que la cosmovisión israelita de los tiempos de Moisés contaba con una serie de elementos comunes con las culturas de su época. La continuidad con el Antiguo Oriente Próximo se hace visible en diferentes temas, por lo que se puede decir que los israelitas compartían con sus vecinos la creencia de que la creación tenía que ver con funciones, y que implicaba crear orden a partir del caos. Tanto Israel como sus vecinos creían que las personas habían sido creadas para servir a Dios, aunque existen importantes variaciones de la manera de entender cómo servían a Dios los seres humanos.

Así pues, se puede entender por qué hay quienes caerían en la tentación de afirmar que hubo una dependencia literaria, pero la postura típica de la interpretación evangélica tradicional, niega cualquier posibilidad de préstamo literario. Sin embargo, para los especialistas que consideran importante mantener la integridad de la inspiración bíblica, la idea de que el autor de Génesis hiciera uso de algún material procedente de antiguas tradiciones no tiene por qué ocasionar más preocupación que la idea de que Salomón incorporara en el libro de Proverbios algo del material sapiencial que habría encontrado en la sabiduría de su mundo. La inspiración puede operar a través de editores, redactores y transmisores de manera tan efectiva como lo hace a través de autores originales. No obstante, dada la complejidad de la transmisión de la tradición y la cultura en el mundo antiguo, la dependencia literaria es extremadamente difícil de probar.

Conclusión A manera de conclusión afirmamos que Dios ha creado todo por medio de su Palabra, en un acto soberano en el se evidencia una importante discrepancia con los dioses mesopotámicos y egipcios. Su soberanía en la creación se percibe fácilmente en la eficacia de la orden creadora: Dios dijo y fue hecho. Por el poder de su Palabra mandó existir toda la materia del universo. No existió una materia preexistente a la que se le haya tenido que dar forma para hacer un mundo en el cual habitar. Se trata más bien de un Ser Supremo que creó de la nada y donde no había algo, lo hubo por su mandato.

A saber, la literatura de nuestro texto resulta claramente estilística, no solo por la evidencia interna en cuanto a su juego de palabras y conceptos, sino por la evidencia externa al compararlo con los relatos mitológicos del Antiguo Oriente. No obstante, esta labor literaria no le quita nada de autoridad e historicidad a los hechos de la creación. Se trata aquí de contrastar la cultura pagana por medio de literatura y cosmovisión. Era precisamente mostrar las discrepancias entre el Dios creador del universo y los dioses mitológicos y paganos. Por esta razón, decimos que al interpretar este texto, debemos acercarnos a él teniendo en cuenta que se trata de un género literario llamado “antimito”.

De esta manera, aun cuando los autores bíblicos en todas partes dan por sentada la obra creadora de Dios, aparte de contrarrestar la mitología de ese tiempo, no se nos dice cómo ha sido detallada y exactamente la creación de cada cosa. Esta interpretación del origen del relato creacional de Génesis no dista de la tradicional que dice que el texto es literal e histórico. Sin embargo, hay que recordar que el sentido obvio del texto no es el que nosotros le queramos dar, sino el que alguna vez significó para sus primeros lectores. Por esta razón nos tenemos que adentrar en el estudio de aquella cultura. Pienso que la ciencia no es enemiga de la religión y que esta puede ser muy útil para la investigación teológica e histórica de los orígenes, pero vale la pena recordar que no hay que caer en el error de una fe positivista progresiva en cuanto a evolución. Dijimos ya que esto no carece de mitología, puesto que se basa únicamente en presuposiciones para las que hasta se necesita mayor fe que para creer en la misma creación divina.

Dicho esto ¿Cómo puede la iglesia recibir esta verdad? Y a la iglesia no se le debe ocultar la verdad. En ocasiones creemos que ella va a perder la fe y se prefiere callar estas hermosas verdades, cayendo así en una doble moral, puesto que lo que creo que es verdad no lo enseño por miedo a que ellos no lo puedan comprender como yo. Sin emabrgo, creo que esto es más falta de sensibilidad por la hermenéutica. Si enseñamos a las personas de la iglesia la forma en que se interpretan los textos de la Biblia, se les puede hacer notar que este relato es más que inspirador.

¿No debería llenarnos de emoción el conocer cómo actuó la soberanía de Dios en su creación? El saber que no ha abandonado su obra, sino que actúa a través de ella, incluso en nuestro tiempo ¿no debería llevarnos a postrarnos delante de su grandeza? Por otro lado, ¿No debería ser el contraste entre el relato de Génesis con la cultura del oriente una base para reinterpretar nuestra cultura actual? El Dios creador y soberano se distancia de toda la cantidad de mitos actuales que surgen en el mundo posmoderno. Esto es una clase de literatura que no solo hizo contracultura en su tiempo, sino que trasciende para nuestra época mostrando la diferencia entre Dios y su creación; una diferencia no solo divina sino de toda una cosmovisión.

Bibliografía

Donner Theo. El texto que interpreta al lector. Medellín: Publicaciones Fusbc, 2009.

J. H. Walton. Creación – Compendio de las ciencias bíblicas contemporáneas, Diccionario del Antiguo Testamento. Pentateuco. Eds: T. Desmond y David W. Baker. Barcelona: CLIE, 2012.

John H. Walton, Victor H. Matthews, Mark W. Chavalas. Contexto Cultural del Antiguo Testamento. Colombia:Editorial Mundo Hispano, 2000.