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La importancia de pensar nuestra historia

La importancia de pensar nuestra historia

[1]
Luis Eduardo Ramírez Suárez, candidato al doctorado en Historia, Universidad Nacional de Colombia.
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Resumen: Este artículo propone una metodología para escribir la historia de instituciones teológicas relativamente jóvenes. Presenta la importancia de escribir la historia, las razones por las cuales esta se debe escribir y los peligros de los cuales se deben cuidar los escritores. El artículo privilegia la historia orientada por un problema y propone para escribir la historia de instituciones recientes la metodología de la Microhistoria con sus tres procedimientos: el paradigma indiciario, la reducción de la escala de observación y la descripción densa. Finalmente plantea algunas directrices para escribir las historias institucionales siguiendo los aportes de la Historia del presente, la Microhistoria y el trabajo con fuentes vivas.

Palabras clave:Historia cultural, Historia del presente, historia orientada por un problema, Microhistoria, paradigma indiciario, reducción de escala, descripción densa, historias de vida.
 
La importancia de la historia
Aunque existen muchas cosas que se pueden afirmar en cuanto a la importancia de la historia, se quiere comenzar, como lo sugiere Marc Block, por hablar de una de las funciones más elementales de la historia: su capacidad inherente de recrear. La forma de escribir la historia se diferencia de la de otras disciplinas, pues tiene sus propios “placeres estéticos”; para Block “ello se debe a que el espectáculo de las actividades humanas, que forma su objeto particular, está hecho, más que otro cualquiera, para seducir la imaginación de los hombres”.[2] La historia lleva al lector a otra época, a otro mundo, a otro espacio que lo cautiva. Entre más distancia en el tiempo y en el espacio mayor es la seducción que produce en este.

La historia tiene un poderoso atractivo cautivador que evoca sentimientos, nostalgias y produce en el ser humano posibilidades para el futuro. Enciende la imaginación, es como poesía que despierta pasiones, deseos, anhelos, ilusiones, posibilidades y provoca sueños. Algo así se puede ver en lo que relata el Evangelio de Lucas en la narración sobre los caminantes a Emaús: “¿no ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras [la historia bíblica]?” (Lc 24:32). Esto es lo que debe producir en el lector el relato histórico.

No es de extrañar que el judaísmo y el cristianismo sean religiones de historiadores que no construyen su fe sobre mitos, sino que sus textos sagrados son libros de historia, por lo tanto su teología surge de eventos históricos, su liturgia conmemora hechos históricos y sus santos fueron personas que existieron y actuaron en la historia.[3]La historia judeocristiana se narra en una sucesión diacrónica, de progresión en el tiempo, de hechos reales con personas que actuaron reflejando acciones intencionadas.[4]

Un segundo aspecto de la importancia de la historia reside también en que no es una disciplina del pasado, sino una disciplina atravesada por el presente. No estudia el pasado remoto como algo distante y frío: es una ciencia arraigada y permeada por el presente, el cual le dice los problemas que hay que investigar, los modelos y los enfoques que debe emplear, “la reclama para que ella lo ayude a autocomprenderse y a autodiagnosticarse con una perspectiva de una mayor y una más rica densidad temporal”.[5]            

En otras palabras la historia es un diálogo constante entre el pasado y el presente,[6] que ayuda a diagnosticar y analizar la realidad actual, un entendimiento amplio del pasado es indispensable para que las sociedades actuales puedan alcanzar su propia autocomprensión y explicación.[7] A su vez, una comprensión acertada del presente ayuda a una apropiada interpretación del pasado, porque “[…] sólo podemos captar el pasado y lograr comprenderlo a través del cristal del presente. El historiador pertenece a su época y está vinculado a ella por las condiciones de la existencia humana”.[8] En otras palabras, el pasado tiene otra lectura cuando es iluminado por el presente.


[1]Ponenciapresentada en los eventos “Procesos de innovación de la educación teológica en América Latina” – The Institute for Excelence in Christian Leadership Develoment, organizado por Overseas Council International en Puebla (abril 14 al16 de 2015) y Quito (junio 16 al 18 de 2015).  
[2]Marc Block, Introducción a la historia, trad. de Pablo González Casanova y Max Aub (México: Fondo de Cultura Económica, 1952), 12.
[3]Block, Introducción a la historia, 9-13.
[4]George Iggers, La ciencia histórica en el siglo XX.  Las tendencias actuales: Una visión panorámica y crítica del debate internacional, trad. de Clemens Bieg (Barcelona: IDEA, 1998), 17-18.
[5]Carlos Antonio Aguirre Rojas, La historiografía en el siglo XX. Historia e historiadores (SL: Montesinos, 2004), 132.
[6]Edward Hallett Carr, ¿Qué es la historia?, 7a. edición, trad. de Joaquín Romero Maura (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1978), 40.
[7]Aguirre, La historiografía en el siglo XX, 133.
[8]Carr, ¿Qué es la historia?, 33.

{accordion} Por qué se necesita reescribir la historia::

Muchas de las historias que se han escrito son simplemente narraciones de acontecimientos, frecuentemente con fines apologéticos desconectados de su contexto amplio y con poco análisis del papel que jugaron los eventos en las grandes estructuras y espacios de la historia.[9] Como lo resume J. L. González:

Un día llegué a descubrir que la razón por la que no me gustaba la historia era precisamente porque estaba tratando de entender los acontecimientos únicamente  en términos de su secuencia cronológica, como si la geografía  o el escenario en que tuvieron lugar no fuese importante. El resultado fue que lo que debió haber sido el estudio fascinante de vidas y dramas humanos se volvió una serie de nombres y fechas colgados en el aire, de fantasmas desencarnados que marchaban por las páginas de mis libros de texto en una sucesión rápida y confusa. Sólo cuando empecé a verles como personas reales, con los pies en la tierra firme, y cuando comencé a entender los sufrimientos de los pueblos y las naciones, no solamente a través del tiempo y la cronología, sino también a través del espacio y la geografía, la historia se me volvió un fascinante tema de estudio.[10]

 
Adicional a esto, la historia tradicional se ha presentado desde la óptica de los de arriba, se ha dirigido a narrar los hechos de los grandes hombres, de los grandes políticos, los grandes militares, de los grandes héroes religiosos donde el resto de los seres humanos jugaban un papel secundario o servil en dicha historia. Se olvidaron de la historia de los de abajo, de la óptica de la gente corriente,[11] de los que podrían generar versiones alternativas o complementarias de la historia.[12]

Aunque no es posible acercarse a los eventos del pasado sin una perspectiva particular, ya que todo historiador narra lo que percibe desde su propio filtro, producto del contexto en el que está inmerso, los historiadores tienen el desafío de evitar cualquier prejuicio étnico, religioso, social o sexual.[13]

[9]Peter Burke, ed., Formas de hacer historia, 2a. edición, trad. de José Luis Gil Aristu y Francisco Martín Arribas (Madrid: Alianza, 2003), 17.
[10]Justo L. González, Mapas para la historia futura de la iglesia (Buenos Aires: KAIROS, 2001), 11.
[11]Burke, Formas de hacer historia, 17-18.
[12]Yolanda Puyana y Juanita Barreto, “La historia de vida: recurso en la investigación cualitativa.  Reflexiones metodológicas”, Universidad Nacional de Colombia, http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/maguare/article/.../185.../15051, último acceso 10 de abril de 2013.
[13]Burke, Formas de hacer historia, 19-20.

|||| Realidades a tener en cuenta al escribir la historia::

Una primera realidad tiene que ver con las obras escritas y sus autores. En las obras históricas se debe tener en cuenta la relación estrecha entre el texto histórico y el contexto en el cual se escribió. El historiador tiene como tarea primordial conocer el contexto cultural e intelectual en el que se escribieron las obras históricas, solamente cuando tiene un dominio de este puede comprender el significado y propósito de las mismas. Conocer la formación intelectual del historiador y su contexto mostrará la forma en que escribieron, reflejará los pensamientos imperantes de la época, las realidades políticas, en suma, ayudará a entender la intencionalidad de dicha obra.[14] “Es un axioma que cada época interpreta el pasado a la luz de su experiencia presente. Los estudios históricos con frecuencia revelan tanto o más de la época en la cual se escriben que de la época que describen”.[15]

Otra realidad que debe enfrentar el historiador que emprende la tarea de escribir la historia es el inevitable presentismo. Al igual que los historiadores del pasado, para el historiador hoy es sumamente difícil escribir la historia libre del presentismo y manteniendo distancia del contexto en que se hallan inmersos. El presente condiciona las preguntas que se hacen al pasado y los métodos que se usan en esta empresa. Aquí radica la relevancia de estar conscientes del presentismo como una manera de estar menos expuestos a su influencia.[16] Esto no quiere decir que los hechos o datos del pasado se puedan modificar, pero sí implica que el conocimiento del pasado es susceptible de revisión, transformación y perfeccionamiento constante;[17] debido a que cada presente le hace nuevas preguntas al mismo pasado. 
 

[14]Jaume Aurell et al., Comprender el pasado. Una historia de la escritura y el pensamiento histórico (Madrid: Ediciones AKAL, 2013), 444-445.
[15]Steven Ozment, The Age of Reform 1250-1550 (New Haven & London: Yale University Press, 1980), 63.
[16]Aurell, Comprender el pasado, 445. Véase “Declaró Croce que toda la historia es ‘historia contemporánea’, queriendo con ello decir que la historia consiste esencialmente en ver el pasado  por los ojos del presente y a la luz de los problemas de ahora, y que la tarea primordial del historiador no es recoger datos sino valorar: porque si no se valora, ¿cómo puede saber lo que merece ser escogido?”. Carr, ¿Qué es la historia?, 28.
[17]Block, Introducción a la historia, 49-50.
|||| Cómo se debe escribir la historia::

Una alternativa a escribir la historia simplemente como narraciones de acontecimientos es escribir una historia analítica orientada por un problema,[18] que tenga en cuenta las diferentes expresiones de las actividades humanas, los diferentes grupos sociales, diferentes culturas, diferentes enfoques, diferentes ópticas y estilos;[19] que integre los aportes de otras disciplinas como la geografía, la sociología, la psicología, la lingüística, la antropología social, etc. para enriquecer el quehacer histórico.[20]

Cuando se habla de historia orientada por un problema se refiere a una historia delimitada por una pregunta específica que se desea abordar. Como dice Aguirre, “solo se encuentra lo que se busca”[21] y “los textos hablan según se los interroga”.[22] Se pueden hacer nuevas preguntas a los eventos para que den nuevas perspectivas de las interpretaciones que se han hecho de los mismos, esto hace dinámica la tarea del historiador pues los resultados de su investigación serán provisionales, pueden ser profundizados, ampliados, revisados y aun hasta refutados.[23]

Para el trabajo de escribir la historia de instituciones relativamente jóvenes, se propone el acercamiento de la microhistoria con sus tres procedimientos:

El paradigma indiciario. Es una metodología que invierte las unidades del análisis. No comienza del análisis de lo macro, desde los fenómenos complejos (sociedades, civilizaciones, culturas) sino de lo microscópico,[24] de lo particular, de lo subjetivo, de lo cotidiano, de la cultura popular, de los imaginarios y representaciones de la gente,[25] de los indicios.

El indicio es una pista (lo microscópico), y la tarea del historiador es conectar la pista con el universo, lograr las conexiones del indicio con sus relaciones estructurales. Las pistas deben crecer en sentido, construir una red de sentidos que lleva a otras relaciones.

Tres metáforas que pueden ser de ayuda al pensar en el paradigma indiciario:
           

El cazador.[26] La figura del cazador es una metáfora apropiada para el historiador; el cazador con solo una huella que deja la presa puede saber el tamaño, el sexo, la distancia que ha recorrido, aun cuánto tiempo le lleva de ventaja. Puede leer y entender lo que a simple vista no es perceptible para alguien que no conoce el oficio.

           

El médico.[27] Desde los tiempos de Hipócrates, la medicina siempre ha diagnosticado por medio de la observación. Las enfermedades primero se manifiestan como síntomas, señales, indicios. Los médicos escuchan atentamente al paciente y observan minuciosamente la sintomatología, luego conjeturan antes de diagnosticar y proponer un tratamiento.

           

El detective. Giovanni Morelli, historiador de arte, fue el promotor de un método clave para la detección de fraudes en las pinturas: el análisis de los pequeños detalles. Morelli presentabaun nuevo método para la atribución de cuadros antiguos, que consistía en no basarse en las características más evidentes de las obras sino en los detalles menos trascendentes y menos influidos por las escuelas a las que los pintores pertenecían. Se debía poner cuidado, por ejemplo a “los lóbulos de las orejas, las uñas, la formas de los dedos de las manos y pies”.[28]La influencia de este método que se fija en los sutiles detalles y en las conjeturas se puede evidenciar también en las estrategias usadas por personajes ficticios para la resolución de los casos criminales, tales como Sherlock Holmes y su amigo el Dr. John H. Watson, personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle,[29]y el legendario detective belga Hércules Poirot en las novelas policiacas de la señora Agatha Christie. El método policial parte de la premisa que todo criminal deja un rastro, una huella. Por más complicado que sea el caso siempre hay una lógica subyacente que lo explica. En la novela Los relojes se presenta un caso en que ningún detalle encajaba, y el policía Colin Lamb le dice a Poirot: “Lo malo del caso es que no hay una sola cosa en él que tenga sentido. Imposible –comentó Poirot–. Todo tiene sentido, absolutamente todo”.[30]

Como se puede ver, el indicio no niega las estructuras sino que es otra manera de llegar a las estructuras, el microanálisis no es enfocarse en lo pequeño por lo pequeño, sino que a través de lo pequeño se puede entender la estructura.

La reducción de escala de observación o examen minucioso del pasado. Es un estudio intensivo del material documental que consiste en tomar unos pocos casos y estudiarlos minuciosamente y a través de ellos entender la realidad amplia. El principio unificador de toda investigación microhistórica es la creencia de que la observación microscópica revelará factores anteriormente no observados.[31] Las observaciones microscópicas han permitido refutar teorías que se habían construido sobre análisis superficiales de los hechos que llevaron a conclusiones erradas. Un ejemplo de esto es cómo la observación microscópica rebatió la teoría de que la compraventa de tierras en Europa Occidental y en la América colonial mostraba la presencia temprana del capitalismo e individualismo.[32]

La descripción densa.La descripción densa, en la investigación antropológica, es una actividad interpretativa, minuciosa, profunda, cuidadosa y detallada en busca de los complejos niveles de significaciones de una determinada expresión cultural en su contexto y tiempo.[33] Clifford Geertz lo ejemplifica en la forma en que un simple guiño de un ojo puede ser interpretado de diferentes maneras, y para llegar a una correcta interpretación se requiere una descripción densa.[34] En otras palabras se deben interpretar los hechos en contexto tomando en cuenta todos los detalles y profundizando en las diferentes capas de significado con el fin de evitar interpretaciones erróneas.

Un ejemplo: en el año 2000 el Seminario Bíblico de Colombia recibió su aprobación como institución de educación superior por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia, una descripción superficial de este acontecimiento podría decir que la institución buscó esta aprobación porque deseaba que sus egresados tuvieran un título universitario y pensaba atraer más estudiantes puesto que la iglesia en Colombia requería de pastores y líderes con títulos universitarios.  A simple vista esta sería una interpretación convincente; sin embargo, hacer una descripción densa requerirá analizar este acontecimiento en detalle dentro de su contexto teniendo en cuanta los factores endógenos y exógenos: ¿fue esa la verdadera razón para que la institución iniciara ese proceso? A nivel interno, ¿Esta decisión se tomó porque era una necesidad de vida o muerte para la institución? ¿Cuáles fueron los debates en la facultad y en el Consejo Directivo? ¿Cómo influyó en el proceso la renovación docente en la institución? A nivel externo, ¿Cuáles eran las leyes colombianas que regían para las instituciones de educación superior? ¿Cuáles fueron los cambios políticos que permitían a las instituciones confesionales acceder al reconocimiento gubernamental? ¿Cuáles eran los desafíos de las instituciones teológicas y el papel que debían desempeñar? ¿Qué papel jugó el discurso de entidades o agencias como OCI o AETAL? ¿Cuáles eran las demandas reales de la iglesia? ¿Qué tanto influyó el ambiente social de los periodos de gobierno de Samper, Pastrana y Uribe?


[18]Peter Burke, La revolución historiográfica francesa. La escuela de los Annales 1929-1984, trad. de Alberto Luis Bixio (Barcelona: Gedisa, 2016), 11.
[19]Burke, La revolución historiográfica francesa, 11.
[20]Burke, La revolución historiográfica francesa, 11-12.
[21]Aguirre, La historiografía en el siglo XX, 70.
[22]Aguirre, La historiografía en el siglo XX, 70.
[23]Aguirre, La historiografía en el siglo XX, 70-71. Un ejemplo de la historia orientada a un problema se puede ver en el libro de Lucien Lefebvre, El problema de la incredulidad en el siglo XVI: la religión de Rabelais, donde refuta a Abel Lefranc argumentando que este había mal interpretado a Rabelais, además que Lefranc tenía un acercamiento anacrónico pues le atribuía a dicho personaje ideas que no podían ser posibles en el siglo XVI aplicando conceptos modernos a situaciones donde el aparato conceptual de dicho siglo era un poco primitivo. Concretamente Lefebvre en su libro respondió a la pregunta “¿era Rabelais un incrédulo?”.  Burke, La revolución historiográfica francesa, 34-35.
[24]“De esta manera la microhistoria invierte el modo habitual de proceder del análisis histórico tradicional, que consistiría en partir de un contexto global para recién allí interpretar un texto particular. El análisis micro se atreve a partir a modo inductivo desde los aspectos particulares menores para luego dar cuenta de los aspectos generales. Pero el planteo microhistórico no ofrece una versión atenuada, parcial o mutilada de la realidad macrosocial, sino que ofrece una versión sustancialmente diferente. La premisa de la microhistoria es que limitando el campo de la observación (como una mirada más“al ras del suelo”) es que emergen datos más numerosos y refinados; que constituyen configuraciones inéditas haciendo aparecer una cartografía de lo social mucho más novedosa. En realidad se esfuerza por mirar con mayor atención y detenimiento cosas que podían pasar desapercibidas en las perspectivas tradicionales”.  Ronen Man, “La microhistoria como referente teórico metodológico. Un recorrido por sus vertientes y debates conceptuales”, Historia Actual Online, núm. 30 (2013): 169, dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4198158.pdf, último acceso 23 de marzo de 2015.
[25]Las representaciones y los imaginarios son formas individuales y colectivas de concebir y entender simbólicamente la realidad social.
[26]Carlo Ginzburg, Indicios. “Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia(Barcelona: Gedisa, 2008),  
http://ecaths1.s3.amazonaws.com/historiaeuropeamm/189170944.Carlo%20Ginzburg-INDICIOS.pdf, último acceso 23 de marzo de 2015.
[27]Ginzburg, Indicios. “Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, 9-10.
[28]Ginzburg, Indicios. “Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, 1-2.
[29]Ginzburg, Indicios. “Raíces de un paradigma de inferencias indiciales”, 1-4.
[30]Agatha Christie, The Clocks (New York: Berkley Books, 1963), 126.
[31]Giovanni Levi, “Sobre Microhistoria”, en Burke, Formas de hacer historia, 122-124.
[32]“Se ha debatido considerablemente la comercialización de la tierra y es opinión ampliamente mantenida que la precocidad y frecuencia de las compraventas llevadas a cabo en muchos países de Europa occidental y de la América colonial indican la presencia del capitalismo y el individualismo.  Dos elementos han impedido una valoración correcta de este fenómeno. En primer lugar, muchas interpretaciones se han basado en datos heterogéneos y esto ha hecho imposible examinar los hechos concretos de las compraventas mismas. En segundo lugar, los historiadores han sido inducidos a error por su propia mentalidad mercantil moderna que les condujo a interpretar las cantidades masivas de las transacciones monetarias de tierras descubiertas en escrituras notariales contemporáneas como prueba de la existencia de un mercado autorregulado. Es curioso que nadie haya advertido ni valorado el hecho de que los precios en cuestión eran extremadamente variables. Así, los precios de ésta y el mercado en general se relacionaron habitualmente con la hipótesis no cuestionada de la impersonalidad de las fuerzas del mercado. Sólo la reducción de la escala de observación a un área extremamente localizada permitió ver que el precio de la tierra variaba según la relación de parentesco entre las partes contratantes. También fue posible mostrar que para tierras de dimensiones y cualidades iguales se pedían precios variables. Así, se pudo determinar que el objeto de observación era un mercado complejo en el que las relaciones sociales y personales tenían una importancia determinante para establecer el nivel de precios, los vencimientos temporales y las formas en que la tierra pasaba de unas manos a otras”. Levi, “Sobre Microhistoria”, 124-125.
[33]“Por ahora sólo quiero destacar que la etnografía es descripción densa. Lo que en realidad encara el etnógrafo (salvo cuando está entregado a la más automática de las rutinas que es la recolección de datos) es una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de las cuales están superpuestas o enlazadas entre sí, estructuras que son al mismo tiempo extrañas, irregulares, no explícitas, y a las cuales el etnógrafo debe ingeniarse de alguna manera, para captarlas primero y para explicarlas después. Y esto ocurre hasta en los niveles de trabajo más vulgares y rutinarios de su actividad: entrevistar a informantes, observar ritos, elicitar términos de parentesco, establecer límites de propiedad, hacer censo de casas... escribir su diario. Hacer etnografía es como tratar de leer (en el sentido de "interpretar un texto") un manuscrito extranjero, borroso, plagado de elipsis, de incoherencias, de sospechosas enmiendas y de comentarios tendenciosos y además escrito, no en las grafías convencionales de representación sonora, sino en ejemplos volátiles de conducta modelada”. Geertz, La interpretación de las culturas, 24. Véanse Levi, “Sobre Microhistoria”, 125; Donna Mertens, Research and evaluation in education and psychology, 3a. edición (Los Ángeles: SAGE, 2010), 259.
[34]Geertz, La interpretación de las culturas, 21. 
|||| Directrices prácticas para escribir la historia institucional::

Cuando se estudia la historia de instituciones “jóvenes”, es necesario adentrarse en el campo de la Historia del Presente, un trabajo de investigación de un periodo reciente en el cual el investigador ha vivido coetáneamente con los hechos y las fuentes. Para este estudio sobre eventos históricos recientes es necesario estar abiertos a nuevos acercamientos y dispuestos a revisiones de interpretaciones del pasado. El estudio del tiempo presente trae grandes desafíos por la cantidad, magnitud y celeridad de los cambios que se han vivido en el pasado reciente.[35]

Al hablar de la Historia del Presente se está refiriendo a la historia de una época específica presentada desde la perspectiva de los historiadores que han sido parte de la misma.[36] En ella, el investigador hace un análisis histórico de la realidad y el contexto en el que ha vivido en diálogo directo con sus testigos y fuentes.[37] En esta historia se hace un análisis diacrónico de la realidad que se ha vivido y un estudio riguroso de las fuentes; esto lo diferencia del periodismo investigativo que hace un análisis sincrónico y de tipo coyuntural.[38]

Al ser un trabajo donde está involucrado el investigador con los hechos que investiga, un primer consejo para el historiador es que comprenda que su labor está enfrentada a la paradoja del compromiso y distanciamiento, dos conceptos que se pueden diferenciar pero que son inseparables. El investigador tiene un compromiso porque es parte de su mundo, trae su conocimiento y participa de la realidad de la comunidad. Por tal razón corre el peligro de estar influido por intereses grupales y por el deseo de hacer concordar los resultados de la investigación con las teorías que quiere comprobar. Al mismo tiempo tiene la capacidad de tomar distancia de la situación que estudia de manera crítica y altamente especializada, haciendo uso de controles sociales, con el fin de que los resultados de su investigación no se vean afectados.[39] La poca distancia temporal entre el historiador y el evento aunque puede representar un peligro para una supuesta “objetividad”, también puede ser una ventaja ya que éste conoce de primera mano los pormenores del evento vivido. Por tal razón, el historiador del tiempo presente, aunque tiene proximidad a los hechos vividos, está obligado a “agudizar su sentido crítico”[40] y acercarse a su análisis siendo consciente de los efectos que puede producir en la investigación cualquier inclinación ideológica ya sea de corte político, religioso, profesional, científico, étnico o geográfico.[41]

Con estas directrices en mente, basados en la pregunta específica que se desea abordar,[42] se plantea trabajar la historia institucional a partir de los tres procedimientos de la microhistoria (paradigma indiciario, reducción de la escala y descripción densa): 

1.     Un análisis de las relaciones entre personajes y eventos, donde se sigan las pistas, se observen los síntomas y se aten cabos.
 
2.     Un estudio minucioso de la documentación, los testimonios, diarios, actas, periódicos, revistas, archivos, cartas de oración de misioneros, material fotográfico, confesiones-declaraciones de fe, etc.
 
3.     Una interpretación de los fenómenos tomando en cuenta su contexto socio-político, religioso, económico: las influencias endógenas y exógenas.

 

[35]Erik Hobsbawm, “El presente como historia”, en Eric Hobsbawn, Sobre la historia, trad. de Jordi Beltrán y Josefina Ruiz (Barcelona: Crítica, 1998), 234.
[36]Ángel Soto, El presente es historia. Reflexiones de teoría y método (Santiago: Centro de Estudios Bicentenario/CIMAS, 2006), 32.
[37]Soto, El presente es historia, 54.
[38]Diana Luz Ceballos, “Teorías II”  (Notas de clase, Teorías II,  Medellín, Universidad Nacional de Colombia,  mayo 25 de 2014).
[39]Norbert Elías, Compromiso y distanciamiento: ensayos de sociología del conocimiento (Barcelona: Ediciones Península, 1990),12-16, 23, 24.
[40]Soto, El presente es historia, 27, 51, 62, 73. Véase Hobsbawn, “El presente como historia”,  233-234.
[41]Elías, Compromiso y distanciamiento, 12, 14, 15, 23-24.
[42]Historia orientada por un problema.
|||| Trabajo con las fuentes vivas::

Además de los tres procedimientos ya mencionados, otra fuente muy valiosa para el estudio histórico son las fuentes vivas o testigos directos e indirectos de los acontecimientos que ha vivido la institución. El análisis comparativo y evaluativo de los testimonios de dichas fuentes permite enriquecer el trabajo del investigador de modo que pueda conocer los imaginarios colectivos. El trabajo con fuentes orales hace necesaria una evaluación constante en la investigación donde se confrontan el análisis minucioso de las fuentes y las presuposiciones del historiador en busca de la objetividad o imparcialidad.[43] Es recomendable explorar una variedad de fuentes y evaluar la confiabilidad de las mismas.[44] Este análisis se adentra en las representaciones, las prácticas y los saberes que se materializan en las instituciones y los discursos, tal como lo plantea la Historia Cultural.[45] La memoria colectiva se forma por todos estos acontecimientos y experiencias vividas, las cuales la comunidad elabora, transforma, reinterpreta y reubica en el tiempo de acuerdo con lo que le representa.[46]  

Este ejercicio de reescribir la historia de las instituciones a las que se pertenece tiene como fin identificar y analizar las características particulares (identidad), los actores, las prácticas y los procesos de formación de las representaciones e imaginarios de cada institución en el transcurso de su historia. A su vez, las historias de las instituciones harán un aporte a la historiografía y serán un recurso valioso para las generaciones futuras.
 

[43]Ceballos, “Teorías II”.Véanse Soto, El presente es historia, 50; Hobsbawm, “El presente como historia”, 234; Juan José Pujadas, El método biográfico: el uso de las historias de vida en ciencias sociales, Cuadernos Metodológicos número 5 (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2002), 13, 44, 52; Lawrence Stone, El pasado y el presente, trad. de Lorenzo Aldrete Bernal (México: Fondo de Cultura Económica, 1986), 62.
[44]Aída Martínez Carreño, “Más allá de la palabra: experiencias y reflexiones sobre el uso de fuentes no escritas para el conocimiento de la vida material”, en Historia Crítica, No. 29 (2005), 63-64.
[45]Ceballos, “Teorías II”. Véanse Diana Luz Ceballos ed., Prácticas, territorios y representaciones en Colombia, 1849-1960 (Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2009); Bronislaw Bazcko, Los imaginarios sociales (Buenos Aires: Editorial Nueva Visión, 1991); Pierre Bourdieu, ¿Qué significa hablar?: economía de los intercambios lingüísticos (Madrid: Akal, 1985).
[46]Alessandro Portelli, “Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli”, en Historia y Fuente Oral, No. 1 (Barcelona, 1989), 5,17,  http://etnohistoriaenah.blogspot.com/2010/10/portelli-historia-y-memoria-la-muerte.html, último acceso 2 de junio de 2014.
|||| Obras citadas::
 
Aguirre Rojas, Carlos Antonio. La historiografía en el siglo XX.  Historia e historiadores, SL: Montesinos, 2004.
Aurell, Jaume, et al. Comprender el pasado.  Una historia de la escritura y el pensamientohistórico. Madrid: Ediciones AKAL, 2013.
Bazcko, Bronislaw.  Los imaginarios sociales. Buenos Aires: Nueva Visión, 1991.
Block, Marc. Introducción a la historia. Trad. de Pablo González Casanova y Max Aub. México: Fondo de Cultura Económica, 1952.
Bourdieu, Pierre. ¿Qué significa hablar?: Economía de los intercambios lingüísticos. Madrid: Akal, 1985.
Burke, Peter ed. Formas de hacer historia. 2da edición. Trad. de José Luis Gil Aristu y Francisco Martín Arribas. Madrid: Alianza, 2003.
_____. La revolución historiográfica francesa.  La escuela de los Annales 1929-1984. Trad. de Alberto Luis Bixio. Barcelona: Gedisa, 2016.
Carr, Edward Hallett. ¿Qué es la historia? 7a. edición. Trad. de Joaquín Romero Maura. Barcelona: Seix Barral, 1978.
Ceballos, Diana Luz. Ed. Prácticas, territorios y representaciones en Colombia, 1849-1960. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, 2009.
Christie, Agatha. The Clocks. New York: Berkley Books, 1963.
Elías, Norbert. Compromiso y distanciamiento: ensayos de sociología del conocimiento. Barcelona: Ediciones Península, 1990.
Geertz, Clifford. La interpretación de las culturas. Trad. de Alberto L. Bixio. Barcelona: Gedisa, 2003.
Ginzburg, Carlo. Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia. Barcelona: Gedisa, 2008.
González, Justo L. Mapas para la historia futura de la iglesia. Buenos Aires: KAIROS, 2001.
Hobsbawn, Eric. Sobre la historia. Trad. de Jordi Beltrán y Josefina Ruiz. Barcelona: Crítica, 1998. http://ecaths1.s3.amazonaws.com/historiaeuropeamm/189170944.Carlo%20Ginzburg-INDICIOS.pdf. Último acceso 23 de marzo de 2015.
Iggers, George. La ciencia histórica en el siglo XX.  Las tendencias actuales: Una visión panorámica y crítica del debate internacional. Trad. de Clemens Bieg. Barcelona: IDEA, 1998.
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Martínez Carreño, Aída, “Más allá de la palabra: experiencias y reflexiones sobre el uso de fuentes no escritas para el conocimiento de la vida material”. Historia Crítica, No.    29, 2005.
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