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El profeta Oseas denuncia la corrupción en las Fuerzas Armadas

El profeta Oseas denuncia la corrupción en las Fuerzas Armadas

Milton Acosta Benítez, PhDVersión PDF

Introducción

La corrupción está presente en todos los ámbitos de la sociedad. Es difícil encontrar transacciones humanas que no estén salpicadas o permeadas por la corrupción. Desde la política y la justicia hasta los deportes y los fabricantes de automóviles, todos los días nos enteramos de un caso nuevo de fraude, de abuso del poder, de enriquecimiento ilícito. Tan prevalente es este flagelo humano que hasta existe el día internacional contra la corrupción. El problema no es encontrar casos y estudios, sino mecanismos eficaces para combatirla. Las denuncias abundan. Pero, ¿es posible lograr que una persona corrupta se vuelva honesta?

Es más fácil reconocer la corrupción que definirla. Sin embargo, proponemos una definición sencilla para los propósitos de este artículo. Corrupción es utilizar un cargo para obtener beneficios personales y/o para terceros. Es decir, la corrupción se vale de las estructuras sociales, empresariales y gubernamentales legalmente establecidas. En esto precisamente radica la dificultad para detectar y demostrar la corrupción. A un ladrón lo capturan con la lata de sardinas sin pagar en las afueras del supermercado; y tendrán un video para demostrar el robo. Pero los robos de los gobernantes en las grandes obras de infraestructura de un país demoran años para llegar a una sentencia.

En este artículo nos ocuparemos de un caso muy antiguo: la corrupción en las Fuerzas Armadas de Israel, denunciada por el profeta Oseas en el libro que lleva su nombre. El tema militar en el Antiguo Testamento es recurrente y además complejo. Por eso, antes de considerar la palabra del profeta, nos referiremos brevemente a algunos trazos gruesos sobre los ejércitos en el Antiguo Testamento.

Por la complejidad del tema, el propósito de un artículo tan breve como este necesariamente deberá ser modesto. En primer lugar notaremos algunos rasgos generales del tema militar en el Antiguo Testamento. Luego entraremos a la profecía de Oseas contra Jehú, notando la historia, la forma de la denuncia y la aparición del tema militar en la oración. Finalmente proponemos una conclusión con algunas ideas para la reflexión personal y comunitaria. El propósito de este artículo será demostrar dos cosas: que la corrupción de las fuerzas armadas es tanto grave como inaceptable, y que desde la perspectiva bíblica es necesario pensar en las causas de los problemas antes que en las soluciones armadas.

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La complejidad del sentimiento bíblico hacia los ejércitos::

A excepción de los menonitas, los cristianos históricamente han defendido la legitimidad de las fuerzas armadas y la participación de los cristianos en las mismas.[1] Sin embargo, se debe reconocer que esta legitimidad pocas veces se cuestiona y, peor todavía, ha existido entre los cristianos una aprobación casi automática de las guerras. Si bien el tema es complejo y no lo vamos a resolver aquí, quisiera resaltar a continuación cuatro realidades sobre el tema militar en el Antiguo Testamento:
 

  1. Dios es descrito en el Antiguo Testamento como “guerrero” y “Señor de los ejércitos.” El libro del Éxodo celebra la destrucción del ejército egipcio por parte de Dios así: El Señor es un guerrero, su nombre es el Señor (ʾăd̲ōnāy ʾîš milḥāmâ ʾăd̲ōnāy šəmô, Ex 15:3). Con esto se afirma que el oprimido tiene en Dios quien lo defienda. El lenguaje será metafórico, pero cargado de una teología entendida desde la historia: “A Yahvé se le conoce desde el comienzo como a un Dios comprometido con el establecimiento de una justicia concreta en el ámbito sociopolítico de un mundo donde el poder está masivamente organizado contra ella.”[2] No es casualidad entonces que el éxodo sea uno de los eventos paradigmáticos del Antiguo Testamento para la comprensión de la historia de Israel y de Dios mismo.

  2. En línea con lo anterior, también existe el ejército de Israel y sus guerreros. Por ejemplo, el texto bíblico celebra cuando David derrota a Goliat y conquista Jerusalén. Sin embargo, ningún militar tiene licencia para matar según le convenga. Por eso a David se le condena de manera inequívoca y severa cuando usa su propio ejército para asesinar al marido de Betsabé (1S 17:1-58; 2S 5:6-16; 2S 11:1-27). Además, la historia de David muestra la situación comprometedora en la que queda el gobernante que ha usado al ejército para cometer actos delictivos. Joab, el general del ejército, fue cómplice de David en este asesinato (2S 11) y de allí en adelante David quedó a merced del general Joab (2S 19:1-9).

  3. En los salmos encontramos sentimientos bastante diversos hacia las fuerzas armadas: a) Dios contra las guerras (Sal 46:9; 68:30; 76:3-5); b) el guerrero como símbolo positivo, adiestrado por Dios (Sal 127:4; 144:1 [cp Pr 20:18]); y c) el desprecio de Dios hacia los ejércitos (Sal 147:10).

  4. En síntesis, el AT da por sentada la existencia de los ejércitos, cuyas espadas no son de adorno; denuncia el abuso que cometen los militares;[3] condena la confianza en los ejércitos como forma de idolatría; e invita al pueblo de Dios a aspirar a una vida mejor, a convertir las armas en herramientas para trabajar el campo (Is 2:4; Mi 4:3). Es decir, a invertir los recursos en la promoción de la vida y el bienestar del pueblo.



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En el AT se supone que Israel tiene un ejército para defenderse de sus enemigos; pero hay por lo menos seis salvedades:
 

  1. El caso de Josué es único e irrepetible. Se debe sospechar de cualquier apropiación de esta historia (¡como se ha hecho tantas veces!) para salir hoy a poseer territorios de otro.

  2. Israel no es expansionista.

  3. No toda guerra es legítima (Amós 1:11).

  4. Dios es quien les da la victoria a los israelitas desde la debilidad (Éxodo 14:30; Salmos 146 y 147).

  5. Además de las afirmaciones explícitas, hay suficientes historias de derrotas y de ridiculización de los militares, como para determinar que existe una crítica sostenida de lo bélico (2 Crónicas 28; todo el libro de Reyes; p.ej. 2 Reyes 3; 6:22). El desjarretamiento de caballos y la destrucción de carros y jinetes es abundante.

  6. La meta última de la sociedad bíblica es que las armas se conviertan en instrumentos de trabajo y que no haya más guerras (Is 2:2–5; Mi 4:1–5; Os 2:18; Sal 46:8–10).



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[1]Esto se ha hecho bajo la doctrina de “la guerra justa.” La expresión “guerra justa” no existe en la Biblia. Sin embargo hay algunos eventos en los que las acciones parecieran justificadas. Uno de ellos es la ocasión cuando Abram rescata a Lot y sus bienes de una coalición de reyes invasores. El relato muestra a Abram como un héroe reconocido por los reyes cananeos. Es curioso que a pesar de tener éxito en la batalla, Abram se niega a recibir el botín que le correspondería en ese tipo de situaciones (Gn 14).
[2]Walter Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento (España: Ediciones Sígueme, 2007), 773.
[3]Uno de tantísimos casos: “Esclavas sexuales de la II Guerra Mundial, sin consuelo,” El Espectador, August 16, 2015, http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/esclavas-sexuales-de-ii-guerra-mundial-sin-consuelo-articulo-579621.

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Oseas denuncia la corrupción de las fuerzas armadas::

El profeta Oseas y su libro. Antes de entrar en la denuncia que hace Oseas de las Fuerzas Armadas, es necesario considerar algunos detalles generales sobre el libro de Oseas. Los primeros capítulos de este libro son una especie de “reality show” cuyo fin es mostrarle a Israel un aspecto de lo que significa ser Dios. En este reality actúa una familia integrada por personas que de su propia cuenta tal vez no se juntarían: un profeta con una prostituta. Los hijos de esta pareja tienen unos nombres carentes de los buenos deseos normales de cualquier padre o madre. Y para colmo, tiene un mensaje que consiste en encarnar una conducta prohibida por Dios con el fin de mostrar el amor de Dios: amar a una prostituta y formar con ella una familia. Aquí radica una parte esencial del mensaje de Oseas, la prostituta puede ser redimida. Tratarla como desechable quizá señala que el lector no ha entendido el amor de Dios por la humanidad, tema de una gran claridad en el evangelio. Por lo anterior, en el libro de Oseas el sentimiento y la emoción son especialmente marcados, tanto de Dios como del profeta mismo. Ambos se duelen por lo que ven y por lo que viene. Se ha dicho que la emoción indisciplinada y descontrolada de Oseas estropea la poesía; que carece de la “expresión sublime” que se produce en situaciones de “concentración extrema.”[4] Sin embargo, se podría considerar que ese descontrol es parte de lo poético en la medida en que acompaña al sentimiento de despecho en el libro. Además, aparte de que a la poesía le encanta romper esquemas, tampoco sabemos qué esquema habría roto. Sea como fuere, se reconoce más cohesión en los tres primeros capítulos del libro que en el resto.

Aparte de la metáfora del matrimonio (caps 1–3), no se percibe en Oseas la estructura interna que el lector espera de los libros; tampoco hay abundancia de fórmulas proféticas. El libro se compone de fragmentos pequeños sin conexión evidente. Esta falta de orden aparente se puede leer de dos maneras: criticar lo que nos parece un desorden o aceptar que hasta la fecha no ha sido posible identificar el género literario de Oseas, lo cual no es falsa modestia ni falta de trabajo, sino aprender de la historia de la interpretación de otros libros de la Biblia (como Jueces, p. ej.) que en un principio se consideraron faltos de estética y ahora no. La situación es que desconocemos a ciencia cierta cuál es el principio con el que se coleccionaron y organizaron estas profecías. Sin embargo, las partes independientes constituyen unidades literarias alrededor de imágenes y términos que se repiten, más aliteraciones y asonancias. Nos interesa aquí examinar lo que está claro.


[4]Martin J Buss, The Prophetic Word of Hosea; A Morphological Study (Berlin: Verlag Alfred Töpelmann, 1969), 37–38.

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Idolatría e injusticia::

De entre los muchos males que denuncian los profetas del Antiguo Testamento, sobresalen dos: la idolatría y la injusticia. Se trata de prácticas que afectan la totalidad de la vida y las relaciones. Para poder entender el mensaje de Oseas contra la corrupción en las fuerzas armadas, es necesario repasar brevemente algunos detalles de la historia de Israel.[5]

En primer lugar, Jeroboam construyó dos sitios de culto en dos puntos extremos de la geografía de Israel (Betel y Dan) con el fin de eliminar la necesidad de acudir al templo de Jerusalén luego de la división del reino tras la muerte de Salomón (ca. 933 a.C.). El segundo momento importante de esta historia es la construcción de Samaria como sede del gobierno durante el reinado de Omri (886-875 a.C.). El tercero es la oficialización del culto a Baal durante el reinado de Acab (875-853 a.C.) y su mujer Jezabel, de origen fenicio. Es decir, con la dinastía de Omri-Acab se afianza lo que inició Jeroboam cuando se dividió Israel. Aunque Jeroboam inicialmente no hubiera tenido la intención de promover la idolatría, sus movidas político-religiosas a la postre desembocaron en eso.

El libro de Reyes denuncia de manera sistemática la idolatría y la injusticia que cometieron los reyes; presenta estos males como las dos caras de una misma moneda. Los mismos que instituyeron y defendieron el baalismo en Israel (1R 18) son los protagonistas de los casos más graves de injusticia, corrupción y homicidio, como lo muestra el caso de Nabot, donde se combinan las formas más graves del gobierno corrupto; se utilizan las instituciones establecidas para asesinar a un individuo del común con el fin de quitarle su tierra (1R 21). Los libros de Reyes y de Oseas comunican que Dios se opone tanto a la injusticia como a la idolatría.


[5]Judá es el reino del sur. Esta división ocurrió por causa de los impuestos exagerados, conocido en la Biblia como “el yugo pesado” (1R 12:4) con los que Salomón asfixió a los habitantes del norte. Su hijo Roboán desestimó la queja y se dio el cisma.

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La respuesta de Dios a la idolatría y la injusticia::

La estrategia de Dios para responder a este par de males es también doble. La idolatría se combate con profetas y la injusticia con soldados. Los profetas son Elías y Eliseo (1R 17–2R 8) y el general es Jehú (2R 9–10).[6] Así parece, pero en realidad los campos de acción de estos personajes, no están tan claramente demarcados. Los profetas se inmiscuyen en cuestiones políticas y los militares en las religiosas.

Liverani llama a Jehú “integralista” por su “odio implacable” y el “grado de crueldad que excede las estrategias normales del cambio de dinastía en el antiguo oriente.”[7] Mató a Jorám, su madre Jezabel fue tirada por una ventana y dejada allí de comida para los perros; los 70 hermanos de Jorám fueron igualmente asesinados, y sus cabezas amontonadas en una pila frente a la puerta del palacio real.

El resultado de esta intervención divina es que murieron muchos profetas de Baal y que la dinastía de Omri-Acab se acabó, pero desafortunadamente ni la idolatría ni la injusticia desaparecieron.

Énfasis militar en la denuncia de Oseas

Cuando pensamos en el profeta Oseas, normalmente recordamos el asunto inusual de su mujer prostituta. Sin embargo, el primer asunto del que se ocupa este profeta es militar, más exactamente en la persona y las acciones de Jehú. Pero antes, necesitamos refrescar un poco la historia, ya que Oseas da por sentado que el lector la conoce.


[6]El cronista también interpreta las acciones de Jehú como órdenes divinas: “el Señor lo había escogido para exterminar la familia de Acab” (1Cr 22:7–9).
[7]Mario Liverani, Israel’s History and the History of Israel (Equinox, 2005), 110.

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Transfondo histórico del primer mensaje de Oseas::

Para la comprensión de la denuncia de Oseas dependemos del libro de Reyes. El problema con Jehú es bastante sencillo, pero tiene varios componentes. En síntesis, la falta de Jehú fue no haberse apartado de la idolatría y de la injusticia que supuestamente estaba combatiendo. No cumplió la ley de Dios, terminó cometiendo los mismos males de los peores reyes de Israel (Jeroboam), perdió una buena parte del territorio de Israel a manos de los sirios (2R 10:25-33), y (un detalle que no registra la Biblia) le pagó tributo a los asirios, como consta en el Obelisco Negro.[8]

De la muerte de Jehú hasta Oseas han pasado no menos de sesenta años. Es decir, el mensaje de Oseas es para una generación que no conoció a Jehú. Sin embargo, Dios y su profeta no han olvidado los delitos de Jehú, quien tenía dos credenciales fuertes: es comisionado por Dios y la tarea es contrarrestar males graves. Pero ni lo uno ni lo otro le daba a Jehú licencia para abusar del poder de las armas. Jehú se excedió y quiso mostrar más resultados de los que le habían pedido. En pocas palabras, Jehú usó la unción para ensuciarse.

En la perspectiva bíblica, la comisión legítima de erradicar un mal le impone al militar una ética muy sencilla: abstenerse de cometer el delito que le mandaron a erradicar. Jehú hizo lo contrario, terminó masacrando otra cantidad de gente que nada tenía que ver en el asunto. Quizá Jehú le encontró gusto a eso de matar o pensó que más muertos se interpretaría como más eficacia y mayor celo por cumplir la ley Dios, sin importarle quiénes fueran los muertos.

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La profecía contra Jehú::

A veces la preocupación por los asuntos morales del matrimonio de Oseas con una prostituta distrae al lector y no lo deja ver el mensaje del profeta contra la corrupción de la nación, cuando ese es precisamente el objetivo de este matrimonio, mostrar la corrupción: “Dios convierte la vida del profeta en una alegoría suya.” Para Dios es una metáfora y para el profeta una realidad. ¿Por qué? pregunta Landy: “Quizá en este trance un público percibirá, más allá de las palabras (language) una imagen de sí mismos y un indicio (intimation) de lo que es ser Dios.” Oseas es único entre los profetas en cuanto a que le toca hacer el papel de Dios,[9] lo cual mete a Dios en un lío; Dios es el que está casado con una prostituta y ha tenido “prostituticos”. Una muestra de estos hijos es Jehú y el ejército que comandó.

Una de las marcas de la Sagrada Escritura es contar y preservar su historia de manera auto-crítica. Jehú no solamente combatió la idolatría, sino la injusticia, pues vengó la muerte de Nabot y sus hijos, a quienes Acab y Jezabel habían asesinado para quitarles sus tierras (2R 9:26). El lector de 2 Reyes se alegra de ver que Dios hace justicia y que la muerte de Nabot no queda impune. Jehú pudo haber pasado a la historia como el paladín del culto al Señor, pero se excedió, se extralimitó y ni Dios ni los profetas lo olvidaron. Jehú cruzó la raya de las labores militares y pasó al asesinato; esta es la corrupción de las fuerzas armadas y del corazón de quienes encuentran en ellas la fuente de seguridad y la solución a los problemas sociales.


[9]Francis Landy, Hosea (Sheffield: Sheffield Phoenix Press, 2011), 15.

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El método bíblico para facilitar el recuerdo de esta denuncia::

Una cosa es predicar un mensaje y otra cosa es que el mensaje se recuerde. La marca fundamental de la literatura que perdura es la estética. De allí que los escritores bíblicos, por su cultura literaria, jamás predicaron de cualquier manera. Notemos cómo aparece en Oseas el arte literario para referirse al tema militar.

En primer lugar, se utiliza una costumbre común en el mundo bíblico según la cual a los hijos se les ponían nombres significativos que tuvieran relación con la historia familiar, las circunstancias del momento o el carácter de la persona. En este caso, la forma como Dios inmortaliza la infamia del general Jehú es pidiéndole a Oseas que le ponga a su primer hijo el nombre Jezreel; es decir, el nombre ese valle fértil y hermoso en el norte de Israel que Acab y su mujer (los idólatras) y Jehú (el supuesto ortodoxo) convirtieron en valle de sangre. Esto es como si en Colombia, con el fin de denunciar alguna masacre, a un hijo se le pusiera por nombre Apartadó, Tibú, Gabarra, Barrancabermeja, Fundación, Mapiripán, Escombrera o Bojayá. ¡Qué manera de recordar!

En segundo lugar, aparece un fenómeno literario, también común en la Biblia, que consiste en una sanción en la misma especie del mal cometido. Así entonces, para poner fin al reino de Israel, Dios le quebrará el arco a Israel en el valle de Jezreel. Para reforzar esta imagen aparece en los caps 1–3 una acumulación de lo que Landy llama “objetos odiosos”: arco espada, armas de guerra, caballos y jinetes.[10] De esta manera se van acumulando varios elementos en torno al sitio geográfico Jezreel.

Siguiendo con su estrategia retórica, aparece en tercer lugar un mensaje que no tiene sentido ni lógica para lo que estamos acostumbrados: la destrucción de las armas para poder dormir tranquilo (2:20). Esto va contra la doctrina común hasta nuestros días, de que la seguridad está en un gran ejército y en dormir con un arma bajo la almohada. Pero, la lógica también debe ser cuestionada. Está demostrado que las armas pueden servir de protección sólo en algunos casos; nunca protegen del todo, de tal manera que a fin de cuentas está tan (des)protegido el que tiene armas como el que no las tiene. Esto obviamente es muy discutible, pero en realidad no es el punto. El mensaje para Israel es otro y es doble. Por un lado, es una invitación a confiar en Dios, no en los ejércitos y sus armas. Por otro lado, necesitan preguntarse de qué les sirve un ejército si las armas que portan van a ser usadas contra su propio pueblo.

La cuarta estrategia retórica que reconocemos en relación con este tema tiene que ver con la agricultura. La noble tarea de producir alimento se invierte para dejarnos con el “agricultor” perverso que ara maldad, cosecha delitos y come alevosía (Os 10:13-15). De esta manera denuncia Oseas la corrupción de las fuerzas armadas de Israel.
 


[10]Landy, Hosea, 20.

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La oración::

En cuanto a la corrupción se refiere, el mundo bíblico es como el nuestro. De la Sagrada Escritura aprendemos en primer lugar que Dios se opone a ella y la castiga; segundo, Dios comisiona a individuos llamados por él para denunciar la corrupción; en tercer lugar, invita a los creyentes a sacar a la luz estos temas en la oración; y por último nos llama a abstenernos de toda forma de corrupción. Ninguna de estas instrucciones es fácil para nadie.

Existen en la literatura latinoamericana muchos retratos de corrupción. Aparte del individuo que de entrada es corrupto, están los que trabajan honradamente, los que desean servir y los que quieren cambiar al mundo. Pero, casi sin excepción, en las novelas latinoamericanas todos terminan igual de corruptos. Unos caen por la ambición, otros por la física necesidad económica; en algunos casos por la frustración que producen las trabas burocráticas, o por la falta de oportunidades causadas por la misma corrupción. Es decir, se completa el círculo perverso en el que la corrupción engendra corrupción.[11] El cuadro que nos pintan estas novelas es de total desesperanza pues pareciera que la corrupción siempre gana.

Habiendo visto ya la denuncia del profeta Oseas contra la corrupción en las fuerzas armadas, dedicaremos un espacio breve para notar cómo aparece el tema de la corrupción de las fuerzas armadas en la oración. Normalmente pensamos en los Salmos como hermosas alabanzas a Dios en las nubes y entre querubines. Pero cuando leemos todos los salmos, nos damos cuenta de cuánto y cuántos se ocupan de los temas de la tierra, como la corrupción. Es decir, la piedad bíblica tiene los pies sobre la tierra porque a Dios le interesan esos temas, y mucho. Podríamos decir que los salmos promueven una adoración en tono profético.

Lo que dice el texto de Oseas con respecto al tema militar está expresado en forma de oración en el Salmo 147. De este salmo resaltamos solamente tres cosas: 1) el Señor sustenta a los humildes, y humilla hasta el polvo a los malvados; sustenta la creación, las plantas y los animales (v. 6); 2) a Dios no le impresiona el brío de los caballos ni estima la agilidad del hombre (v. 10); y 3) Dios tiene en alta estima a quienes le son fieles y confían en su lealtad (v. 11). De esta manera se pone en evidencia la tentación que tenemos los seres humanos a confiar en el poder engañoso de las armas.

Este salmo interpela al lector de una manera contundente y lo invita a preguntarse si tiene la capacidad de pensar en las causas de los problemas sociales antes de pensar en las soluciones con armas; y si tiene la capacidad, cuéstele lo que le cueste, para la crítica y para distanciarse de las instituciones legalmente constituidas cuando estas han cometido abusos y atrocidades, como hizo Jehú, en nombre de la justicia, del orden y de Dios. Las reflexiones a las que nos invita la Sagrada Escritura sobre estos temas podrían costarnos cambios radicales en la forma de pensar, y decisiones que representarían para algunos pérdidas en el plano social y económico.

En continuidad con el AT, en el NT los ejércitos de los pueblos se suponen y no se prohíbe la presencia de creyentes en ellos. Por eso Juan les dice a unos soldados que responden a su mensaje, que cumplan su deber y no abusen del poder que dan las armas y los ejércitos (Lc 2:14).

Jesús no tiene problema en sanar al siervo de un centurión romano piadoso, que ha construido una sinagoga para los judíos. Jesús lo exalta por su fe y dice: “ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande” (Lc 7). Además, encontramos en el Nuevo Testamento el caso de un guardián de una cárcel, también armado, que cree en Jesucristo y se bautiza junto con toda su familia.  No se dice que al creer en Jesús haya abandonado su trabajo.


[11]Un par de ejemplos: Enrique Serna, El miedo a los animales (México, D.F.: Editorial J. Mortiz, 1995).Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer (Doral: Alfaguara/Santillana, 2011).

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Conclusión::


Toda institución humana es susceptible a la corrupción por el simple hecho de estar compuesta de seres humanos. Las fuerzas armadas son especialmente susceptibles a la corrupción por el simple hecho de estar compuesta de seres humanos armados. Es decir, que toda sociedad necesitará correctivos permanentes y eficaces para que quienes son miembros de las fuerzas armadas no se extralimiten en sus funciones. Si bien prestan un servicio a la sociedad y en muchas ocasiones arriesgan sus vidas, también es cierto que no lo hacen de gratis y en muchos países tienen privilegios especiales (como la jubilación en la mitad del tiempo). Proponemos a continuación cuatro reflexiones a la luz de los textos bíblicos examinados.

Primero que todo, del Antiguo Testamento aprendemos que aunque la existencia del ejército se da por sentada, no se les da permiso para el abuso. Por eso el profeta Oseas saca a la luz de manera clara y decisiva los abusos cometidos por el general Jehú, aunque hubieran sido cometidos sesenta años atrás. El libro de Reyes lo registra en el período del exilio, ¡dos siglos después![12] Cuando las sociedades pasan por alto la corrupción y los abusos que cometen las instituciones, estos se convierten en lo normal, es decir, llegan a formar parte de la cultura. Y cuando una cultura está marcada por la corrupción sí que es difícil cambiarla.

En segundo lugar, está claro que todos los seres humanos desearíamos vivir seguros y tranquilos. La Biblia tiene imágenes abundantes que apuntan en esa dirección. Sin embargo, debemos preguntarnos qué precio estamos dispuestos a pagar por la seguridad y la tranquilidad. Ese precio será expresión de nuestra teología. En la teología del Antiguo Testamento, la confianza en los ejércitos es denunciada como forma de idolatría. Es más, significa ser como los egipcios, que utilizaron el poder militar para subyugar a los israelitas y someterlos a trabajos forzados. Poner la confianza en el ejército es pues “volver a Egipto” (Dt 17:14-21).

Desde Oseas se vislumbra una sociedad donde la meta no es el armamentismo: “aquel día haré en tu favor un pacto con los animales del campo, con las aves de los cielos y con los reptiles de la tierra. Eliminaré del país arcos, espadas y guerra, para que todos duerman seguros” (Os 2:18).  Esta es la seguridad y el sueño tranquilo, sin armas. “En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque tú, Señor, me haces vivir confiado” (Sal 4:8). Los discípulos de Jesús, como muchos cristianos hasta el día de hoy, enfrentaron la pregunta sobre el precio y la forma como una sociedad puede alcanzar la paz y la libertad. Al final Oseas 1 abre la esperanza a la conversión, cosa que vemos en los discípulos después de la resurrección.

Así pues, en tercer lugar, la Sagrada Escritura en realidad no exige el desmantelamiento de los ejércitos. Pero sí invita a los creyentes a aspirar a una vida mejor, una vida donde las armas se convierten en herramientas para trabajar el campo (Is 2:4; Mi 4:3). Siendo un poco creativos, quienes no tengan armas de metal, podría pensar en las digitales, en la energía física, los talentos, los años de vida, todo lo que se pueda usar para promover la vida, especialmente la de otros.

Finalmente, el caso de Jehú se da en el marco de la lucha del yahvismo contra el baalismo, como lo muestra claramente el ministerio de Elías. Los muertos de Jehú no son profetas, sino los patrocinadores de los profetas: la familia real de Israel, reino del norte. Jehú arrasó con la dinastía de Omri.

Pero, el caso de Jehú muestra que no todo se vale. Jehú fue condenado por haber abusado, por actuar más allá de lo que se le mandó, por excederse. Pero bueno, ¿qué sentido tiene esto si de entrada, al ungirlo como rey, las instrucciones fueron de acabar con la familia de Acab por completo? ¿Qué más podría haber hecho un guerrero con semejantes instrucciones? Además, las instrucciones son bastante gráficas: “Los perros se comerán a Jezabel en el campo de Jezreel, y nadie le dará sepultura” (2R 9:10).

Oseas y el mismo libro de Reyes condenan a Jehú por dos motivos: extralimitarse y por practicar el mismo mal que con tanta dedicación combatió. Es el caso típico del que mata inocentes para demostrar su compromiso con la erradicación de los violentos.

 


[12]No es cierto que el libro de Reyes haya ignorado los abusos de Jehú completamente, pues como hemos señalado, afirma claramente que Jehú cometió faltas graves.

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Obras citadas::

 
Brueggemann, Walter. Teología del Antiguo Testamento. España: Ediciones Sigueme,     2007.
 
Buss, Martin J. The prophetic word of Hosea; a morphological study. Berlin: Verlag      Alfred Töpelmann, 1969.
 
“Esclavas sexuales de la II Guerra Mundial, sin consuelo.” El Espectador, August 16,     2015. http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/esclavas-sexuales-de-ii-     guerra-mundial-sin-consuelo-articulo-579621.
 
Landy, Francis. Hosea. Sheffield: Sheffield Phoenix Press, 2011.
 
Liverani, Mario. Israel’s history and the history of Israel. Equinox, 2005.
 
Serna, Enrique. El miedo a los animales. México, D.F.: Editorial J. Mortiz, 1995.
 
Vásquez, Juan Gabriel. El ruido de las cosas al caer. Doral: Alfaguara/Santillana, 2011.
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