:: VIGILADA MINEDUCACIÓN ::
  • 1

Amar a Dios con toda tu mente: Descartando la falsa dicotomía entre la vida intelectual y la vida espiritual

Amar a Dios con toda tu mente: Descartando la falsa dicotomía entre la vida intelectual y la vida espiritual

Christopher M. Hays, PhD


Versión PDF Posdoctorado, British Academy. Doctorado en Nuevo Testamento, Universidad de Oxford. Magíster en estudios teológicos, Wheaton College. Magíster en exégesis bíblica, Wheaton College. Licenciado en idiomas antiguos, Wheaton College. Profesor de Nuevo Testamento en la FUSBC desde el año 2014.

    ¿Saben ustedes que una de las enseñanzas más famosas de Jesús depende de una cita “errónea” del Antiguo Testamento?

Uno de los maestros de la ley se acercó y los oyó discutiendo. Al ver lo bien que Jesús les había contestado (a los saduceos y fariseos), le preguntó: —De todos los mandamientos, ¿cuál es el más importante? —El más importante es: “Oye, Israel. El Señor nuestro Dios es el único Señor—contestó Jesús—. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (Mc 12:27-30).

    ¿Cuál fue el “error” de Jesús? En su cita del mandamiento más importante, Deuteronomio 6:4-5, Jesús añadió una frase. Deuteronomio 6:5 solamente dice: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. No dice nada acerca de la mente. ¿Jesús citó mal?

    No obstante el hecho de que Jesús agregó esa línea, el maestro de la Ley no le contesta con una risa triunfal, “¡Aja! ¡Te pillé! Distorsionaste las Escrituras”. El maestro no le replica con una citación de Deuteronomio 4:2, “No añadan ni quiten palabra alguna a esto que yo les ordeno”. Al contrario, dice:

—Bien dicho, Maestro... Tienes razón al decir que Dios es uno solo y que no hay otro fuera de Él.  Amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más importante que todos los holocaustos y sacrificios (vv. 32-33).
 
    ¿Por qué responde así? Los escribas y maestros de la ley no eran muy hinchas de Jesús. Sus colegas habían pasado todo el día poniéndole trampas a Jesús. Pero acá, cuando Jesús cita el Antiguo Testamento “erróneamente”, el maestro de la ley le felicita, ¿Por qué? Pues, no fue porque milenios antes del Mesías Dios no quería que las personas aplicaran sus mentes a su servicio. Al contrario, según la antropología de los israelitas antiguos, el corazón era la sede, no solamente de las emociones, sino también del intelecto. Así, cuando ellos describían la totalidad del ser humano (fuerza, alma, volición, emociones, intelecto), ellos no mencionaban el cerebro. Para los israelitas, decir “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, y con todas las fuerzas” significaba “amar a Dios con todo lo que eres”. Pero, en la cultura helenística, varios siglos después, la gente llegó a distinguir entre la mente y el corazón, y además, la racionalidad se volvió una prioridad más alta. Jesús vivía en un mundo helenizado. Sus conceptos fueron influenciados en cierta medida por el helenismo, tal como lo eran los conceptos de sus coetáneos. Así, cuando Jesús quería comunicar el mensaje de Deuteronomio 6:5, que uno debe amar a Dios con la totalidad del ser, no habría sido suficiente citar el texto palabra por palabra, porque un oyente en el primer siglo habría pensado que Jesús no incluía el intelecto entre las facultades que uno debe dedicar al amor de Dios. Tal exclusión implícita iría en contra del mensaje de Deuteronomio, que incluía una referencia a las facultades intelectuales cuando menciona el “corazón”. Así que, al Jesús agregar una frase a la cita de Deuteronomio, la realidad es que expresa en una manera más precisa el mismo mensaje de Deuteronomio. Aun se puede decir que una cita precisa de Deuteronomio 6:5, sin agregar la frase “con toda la mente”, habría sido una tergiversación accidental del mensaje de Deuteronomio. El maestro de la ley reconoce la intención de la cita ampliada y felicita a Jesús por su respuesta, con referencia explícita a la inclusión del entendimiento entre la totalidad de las facultades con las que uno ama a Dios.

    Otra persona que entendía bien la importancia de amar a Dios con toda la mente era Pablo, quien era un teólogo (estudiante del famoso rabino Gamaliel) y además un misionero. Vemos en las Escrituras que la mente de Pablo, una mente dedicada al servicio de Dios, era una herramienta esencial en su obra misionera. Por ejemplo, consideren su discurso en el Areópago de Atenas (Hch 17:22-31). Pablo se paró frente a una audiencia de filósofos —estoicos y epicúreos, las dos escuelas de filosofía más importantes de la época— y predicó, no en una manera expositiva, sino en una manera filosófica.

    Al comienzo de su discurso, en vez de confrontar a los atenienses por adorar a los ídolos (lo que precisamente habría hecho otro rabino de aquella época), Pablo dice: “Observo que ustedes son sumamente religiosos” (Hch 17:21) y señala que había encontrado un altar en su ciudad dedicado a “un Dios desconocido” (v. 23). Tengamos en cuenta que los griegos y los romanos eran politeístas y podían adorar a sus propios dioses y creer que había muchos otros dioses que no conocían. Si fuera necesario, cuando se enteraran de un dios nuevo, lo añadirían a su panteón y comenzarían a adorarlo también. Los atenienses, pues, tenían un altar con el propósito de honrar a algún otro dios, quienquiera que fuera, con la esperanza de que igualmente pudieran obtener algún beneficio de ese dios.

    Pablo se refiere a ese altar cuando dice “déjenme decirles acerca de ese dios, desconocido por ustedes”. Entonces Pablo describe a ese dios—cuyo nombre y cuyas características eran desconocidos por los atenienses—con las características del Dios de Israel. Pero Pablo lo hace sin mencionar las escrituras judías y sin mencionar el pueblo de Israel, porque tales datos no tendrían ninguna relevancia para los atenienses. No obstante, todo lo que Pablo dijo era en esencia teología judía y cristiana, solo que expresada en la terminología vigente para su audiencia.

    Más precisamente, en este discurso, Pablo toca muchos de los temas clásicos de la filosofía: la creación del mundo, la naturaleza de los dioses, y el determinismo y el libre albedrio. Lo fascinante es que todo lo que dice Pablo, a lo largo de los versículos 22-30, encajaba estupendamente bien con la filosofía estoica, y al contrario, chocaba con la filosofía epicúrea. Más aún, Pablo cita dos textos, no bíblicos, sino paganos; los cuales expresan una perspectiva que coincide con la del estoicismo: un dicho del filósofo Epiménides y un poema del filósofo Arato (v. 28). A lo largo de la mayor parte del discurso, Pablo demuestra la compatibilidad del cristianismo con el estoicismo, y solo en el versículo 31 pasa a decir algo que no concordaba con el estoicismo. (Los estoicos no creían en un juicio final. Esa era una idea judía).

    Bien, ¿cuáles son las observaciones que podemos derivar de este discurso? En primer lugar, vemos que Pablo, aun siendo teólogo, conocía la filosofía secular y además la literatura pagana. En segundo lugar, vemos que Pablo se esforzaba por encontrar puntos de contacto entre la erudición pagana y la revelación judía y cristiana. Era parte de su estrategia misionera afirmar las verdades que los paganos percibían, porque encajaban con la revelación especial. Y esto es muy natural. Si Dios es un Dios de verdad, y se da a conocer no simplemente en las Escrituras sino también en la naturaleza (como dice el Salmo 19), en la revelación general, entonces se espera que lo que uno aprende sobre Dios a través de la revelación general concuerde con lo que se aprende de Dios en las Escrituras, la revelación especial. Todo lo que es verdad proviene de Dios y la respuesta cristiana a la verdad es celebrarla dondequiera que se encuentre. Como dijo Juan Calvino,

 
Si reconocemos al Espíritu de Dios como única fuente y manantial de la verdad, no desecharemos ni menospreciaremos la verdad dondequiera que la halláremos: a no ser que queramos hacer una injuria al Espíritu de Dios, porque los dones del Espíritu no pueden ser menospreciados sin que Él mismo sea menospreciado y rebajado (Instituciones 2.2.15).[1]

    “Todo lo que es verdad proviene de Dios, y consecuentemente, si hombres malvados han dicho algo que es verdad y justo, no lo debemos rechazar, porque proviene de Dios” (Comentario de Tito 1:12).[2] O en las palabras de Agustín: “Dondequiera que se encuentre la verdad, pertenece a[l] Señor” (Agustín, De doctrina cristiana, 2.18.28, traducción del autor). De la misma manera, Pablo, amando a Dios con toda la mente, reconoce los muchos elementos de la verdad en el estoicismo y los acoge.

    Mi tercera observación de este texto: no obstante la afirmación de muchos elementos del estoicismo en este discurso, no significa que Pablo simplemente abrace cualquier tipo de filosofía o cualquier supuesta erudición que pretenda ser verdad. Obviamente él se desvía del estoicismo en el versículo 31, cuando la revelación especial lo exigía. Además, básicamente rechaza el epicureísmo en su totalidad, porque no tiene mucho que es compatible con el cristianismo. Reconocer que hay mucho de verdad divina en varios pensamientos paganos no implica que uno esté de acuerdo con cualquier idea pagana. Se debe discernir, analizar, evaluar; esto es directamente análogo a lo que Pablo dice sobre profecía: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1T 5:21). En aquella época, no existía ninguna respuesta “bíblica” o “cristiana” al estoicismo o al epicureísmo. Pablo tuvo que desarrollar su propia respuesta y lo podía hacer bien porque amaba a Dios con toda la mente.

    Hoy en día, en Colombia, se ha vuelto más urgente tener maestros y líderes cristianos que amen a Dios con toda la mente. La educación en el país sigue mejorando, ¡Gloria a Dios! Y la iglesia evangélica sigue creciendo, aun en la clase media (mucho más que en décadas anteriores). Pero esto implica que la gente tiene preguntas más difíciles hoy. Luchan con dudas más sofisticadas y no se van a aplacar con clichés. Merecen nuestra atención, nuestro acompañamiento aun en las preguntas más difíciles de nuestra época. Con el conocimiento creciente de la ciencia en nuestras congregaciones, necesitamos maestros en clases y pastores en el púlpito que entienden la ciencia y no teman a la revelación general. Con la ola de secularización que vemos moviéndose desde el Cono Sur hacia el norte, necesitamos pastores que entiendan las inquietudes filosóficas que animan el secularismo, para que puedan pastorear a sus ovejas, en vez de minimizar sus preguntas. Nuestra generación necesita líderes que amen a Dios con toda la mente y que amen a sus prójimos lo suficiente para dejar de marginar la vida de la mente en favor de la vida espiritual, como si fuera posible y legítimo contrastarlas.
Tenemos que rechazar las dicotomías falsas que son tan comunes en nuestras comunidades. Por ejemplo, la dicotomía entre el corazón y la mente, o entre el espíritu y el intelecto. El famoso teólogo evangélico B.B. Warfield dijo,

A veces oímos a alguien decir que diez minutos de rodillas rendirá un conocimiento de Dios más verídico, más profundo y más operativo que diez horas en los libros. La respuesta apropiada es, “¿Pues, qué tal diez horas en los libros, de rodillas?” ¿Por qué se deja de buscar a Dios cuando se busca en los libros? ¿Por qué opinas que hay que dejar de buscar en los libros para buscar a Dios?[3]
 
    B.B. Warfield sabía que la vida espiritual y la vida intelectual deben ir de la mano. De igual manera, el mismo Pablo que leía a Arato e integraba el estoicismo en su teología, un erudito y teólogo, dio gracias a Dios porque él hablaba en lenguas aun más que todos los corintios, muchos de los cuales tenían una perspectiva exagerada en cuanto a la importancia de hablar en lenguas (1Co 14:18). No debe haber ninguna dicotomía entre la vida intelectual y espiritual, y el hecho de que algunas personas han manejado la vida intelectual a expensas de la vida espiritual no falsifica la necesidad de un compromiso doble con la vida intelectual y espiritual. Tales dicotomías a veces son máscaras que disfrazan nuestras propias inseguridades, pero que de todos modos violan el mandamiento más importante de la Biblia: que hay que amar a Dios con todo el corazón y con toda la mente. Repito la advertencia de Calvino:

 
Si reconocemos al Espíritu de Dios por única fuente y manantial de la verdad, no desecharemos ni menospreciaremos la verdad dondequiera que la halláremos: a no ser que queramos hacer una injuria al Espíritu de Dios, porque los dones del Espíritu no pueden ser menospreciados sin que Él mismo sea menospreciado y rebajado.[4]
 
    Amados hermanos y hermanas, que Dios honre sus esfuerzos de pensar con precisión y profundidad sobre lo que implica la educación rigurosa y responsable con una cosmovisión cristiana. Que Dios nos ayude a reconocer y disfrutar más y más la manera en que Él se nos ha revelado armoniosamente en la historia, en la literatura y en la filosofía, entre los creyentes y entre los paganos, en las Escrituras y en la creación. Amén.


Bibliografía

Calvin, John. Commentaries on the Epistles to Timothy, Titus, and Philemon. Trad. de   William Pringle, Calvin’s Commentaries, vol. 21. Grand Rapids, MI: Baker, 1999.
Calvino, Juan. Institución de la religión cristiana  vol. 1. Trad. de Cipriano de Valero y  Luis de Usoz  y Río. 4a ed. Barcelona: Feliré, 1994.
Warfield, B.B. “The Religious Life of Theological Students”. The Master’s Seminary Journal 6, n.o 2 (1995): 181-195.
 
[1] Juan Calvino, Institución de la religión cristiana, vol. 1, trad. de Cipriano de Valero y Luis de Usoz  y Río, 4a ed., (Barcelona: Feliré, 1994), 186.
[2] John Calvin, Commentaries on the Epistles to Timothy, Titus, and Philemon, trad. de William Pringle, Calvin’s Commentaries, vol. 21 (Grand Rapids: Baker, 1999), 300-301.
[3] B.B. Warfield, “The Religious Life of Theological Students”, The Master’s Seminary Journal 6, n.o 2 (1995): 182. Traducción del autor.
[4] Calvino, Institución de la religión, 186.