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Exploración de la estructura literaria de la epístola de Santiago (Parte 1)

Exploración de la estructura literaria de la epístola de Santiago (Parte 1)

Guillermo Mejía Castillo, Mg. 

Versión PDFProfesor de Nuevo Testamento en la FUSBC desde 2012. Desea ahondar su comprensión de la epístola de Santiago para ampliar la apropiación social de la misma en las iglesias y en el mundo académico hispanohablante que estudia el Nuevo Testamento.
 

Resumen

El lector de este artículo encuentra aquí una exploración de la posible existencia de una estructura literaria en la epístola de Santiago. El análisis que se hace en este trabajo intenta facilitarle al lector una cierta familiarización con la compleja configuración del texto de esta carta, explicarle la razón por la que su autor escribió dicha epístola, y darle una mejor comprensión exegética de su texto. La multiplicidad temática y los contradictorios énfasis que los comentaristas identifican en Santiago, confirman la necesidad de mejorar la comprensión exegética de esta carta a partir de un acercamiento que respete la complejidad de su configuración literaria.
 
En esta exploración se encuentran razones y evidencias suficientes para leer la epístola de Santiago a partir de una estructura literaria de paralelos ─más consonante con la mentalidad judía del primer siglo─, en vez de una progresión lineal de pensamiento ─más acorde con nuestra forma occidentalizada de escribir y de leer─. Esta primera parte de la exploración, sin embargo, solo identifica aportes y cuestiona algunas de las conclusiones de Martín Dibelius, Fred O. Francis y Peter H. Davids; tres estudiosos influyentes y todavía relevantes de la estructura literaria de la Carta de Santiago. Las contribuciones de Dibelius, Francis y Davids nos permiten identificar indicios favorables a la presencia de estructura literaria en la epístola neotestamentaria de Santiago.

Palabras clave: Estructura literaria de Santiago, epístola de Santiago, Martín Dibelius, Fred O. Francis, Peter H. Davids.
 

Introducción 

    Los estudios sobre la epístola neotestamentaria de Santiago han identificado muchos de sus atributos, tales como la centralidad de la sabiduría, el uso de aforismos, un lenguaje metafórico vigoroso, un nivel bastante bueno del idioma griego, una cristología aparentemente escasa, un tenor autoritativo evidenciado en los no menos de 55 imperativos que aparecen en sus 108 versículos, un contexto ideológico judío robusto, el reflejo grande de la cosmovisión de Jesús, el énfasis en la ética del habla, y la preocupación social por los marginados. Los especialistas en la epístola de Santiago se han valido de estos atributos para sustentar sus propias lecturas de dicha epístola, aunque varias de estas lecturas son dispares y se contradicen entre sí.

    Algunos, a partir de entenderla como carente de estructura y de situación original precisa, encuentran en ella simplemente exhortaciones universales y generales de sabiduría (es ampliamente conocido el cuestionamiento de Martín Lutero en contra de esta epístola, relacionado con las dudas sobre su carácter cristiano y su autoridad apostólica). Otros la ven como un documento judío con adiciones cristianas posteriores. Aun otros la han leído como una controversia con la teología paulina. Finalmente, otros han privilegiado la evidente preocupación socioeconómica de la epístola a expensas de otros asuntos igualmente evidentes, en desmedro de una mayor coherencia en su lectura. Las contradicciones entre estas lecturas se reflejan en la gran multiplicidad de temas que señalan y en los diversos énfasis que asignan a la epístola.

    La diversidad temática y los énfasis contradictorios que con demasiada frecuencia se encuentran en los estudios de la epístola de Santiago se explican, en buena medida, por la ausencia de consenso en cuanto a su estructura. Proponemos aquí que la estructura literaria, por compleja que sea, revela cómo el autor de Santiago escogió presentar su argumento y su evidencia. Kevin J. Vanhoozer, quien en esto sigue a Paul Ricoeur, enfatiza la importancia de la función primordial de la estructura en el trabajo exegético: “La escritura fija la intención actuada del autor en una estructura verbal estable”.[1] Y más adelante afirma que “la forma no es incidental sino esencial al contenido”.[2] François Vouga lo pone así: “La estructuración del texto implica y determina su interpretación”.[3] Grant R. Osborne lo explica de la siguiente manera: “Es la totalidad del mensaje, reconocido en su conjunto, que tiene la función primaria de comunicar significado”.[4] Una mejor comprensión pues de la estructura literaria de la epístola de Santiago ayudará a explicar la razón por la que su autor escribió lo que escribió, y a iluminar su interpretación. En otras palabras, a mayor comprensión de la estructura, tal y como la concibió el autor, mayor la capacidad explicativa exegética que gana el estudiante. La estructura pues de todo el texto de la epístola de Santiago brinda al estudiante una carta de navegación más precisa para adentrarse en las profundidades del mensaje que el autor humano, inspirado por el Espíritu Santo, quiso comunicar.

    La presente exploración de la estructura literaria de la epístola de Santiago considera los análisis más perspicaces de varios estudios relevantes, comenzando con el reconocido comentario de Martín Dibelius y continuando en orden cronológico hasta la reciente investigación de Mark E. Taylor.[5] En esta primera parte de la exploración analizamos solo los estudios de Dibelius, Francis y Davids, análisis que nos ayudan a calibrar la complejidad de la estructura literaria de la epístola, aun cuando los de Dibelius y Bauckham desalientan la exploración de la estructura en Santiago. Ello es así por cuanto al argumentar la inexistencia de estructura en Santiago, destacan características cruciales de cómo el autor presenta el texto de la epístola. Nada de esto significa, sin embargo, que estemos cerca de un consenso sobre la estructura literaria de la epístola de Santiago.[6] De hecho, Luke L. Cheung, con perspicacia, ha identificado como “agnosticismo estructural” la insistencia de algunos comentaristas en la ausencia de estructura en Santiago.[7] La muestra de los análisis considerados en esta exploración confirma que una comprensión consensuada sobre la estructura de la epístola de Santiago es aun elusiva.


Estructura compleja

    Decir que la estructura literaria de la epístola de Santiago es compleja no es un sobrentendido superfluo. Dicha complejidad deriva, entre otras características, del gran número de imperativos, repetición temática, numerosos usos de la figura literaria de la inclusión, multiplicidad de recursos literarios como el asíndeton, reiteración de palabras captadoras de la atención del lector que ayudan a conectar ideas, utilización de palabras cognadas o parecidas morfológicamente, así como las 37 ocasiones del uso de la conjunción pospositiva δέ (de) que, en ocasiones, debe traducirse como “pero” y en otras como “y”.[8] Las numerosas ocasiones en que se usa esta conjunción pospositiva hacen aun más complejo nuestro tema, toda vez que dicha conjunción en el idioma griego, además de indicar contraste, también puede, en otras ocasiones, indicar “una conexión definida de manera imprecisa entre cláusulas gramáticales”.[9] La ambigüedad resultante entre la indicación de esta conjunción como adversativa o continuativa aumenta la complejidad de la estructura de la epístola. Finalmente, la discusión sobre la estructura de Santiago también se hace más compleja por los muchos dichos cortos utilizados. Richard Bauckham identifica no menos de 55 figuras literarias de este tipo, incluyendo, mayormente, aforismos, pero también similitudes, paradigmas y preguntas retóricas.[10] El hecho de que muchos de estos dichos cortos se encuentren en el primer capítulo de la epístola, le da a ese capítulo un fuerte tenor aforístico y al lector un desconcierto mayor acerca de su compleja estructura literaria.[11]


“Unidad característica y vigorosa”

    Martín Dibelius asigna preponderancia a la configuración parenética, es decir, de exhortación homilética fragmentada, de la epístola de Santiago por encima de su coherencia unificada.[12] Aunque el trabajo de Dibelius ya tiene cien años, su contribución al estudio de la estructura literaria de la epístola de Santiago todavía es relevante debido a que aún no se ha resuelto la tensión, destacada en su comentario, sobre la existencia o no de estructura literaria en Santiago, y a que su contribución se cita con frecuencia en los análisis contemporáneos.[13]

    Dibelius reconoce, por un lado, cierto grado de unidad en Santiago: “Claramente emergen ciertas líneas de pensamiento que —sin ninguna construcción artificial— se combinan para formar una unidad característica y vigorosa”.[14] Para Dibelius, la línea de pensamiento más destacada en Santiago es la “piedad del pobre, y su oposición consecuente contra el rico y contra el mundo…, una piedad a partir de la cual se puede entender toda la parénesis”.[15] El comentario sobre Santiago de este teólogo alemán delata, en diferentes lugares, el reconocimiento de esta unidad característica y vigorosa de la epístola en estudio, como cuando sugiere que el atuendo lingüístico impresiona al lector como relativamente homogéneo.[16] Más adelante afirma, además, que “en los capítulos 2 y 3…, Santiago formula verdaderos tratados discursivos (tres, para ser exactos) en vez de simplemente trasmitir dichos”.[17] Finalmente, para Dibelius, Santiago 2:1-3:12 constituye el meollo de la epístola.[18] Esta exploración percibe la tensión en Dibelius, a partir de su reconocimiento de los elementos articuladores de estructura literaria en la epístola de Santiago señalados aquí, a los cuales termina asignándole poco peso en la resolución de la disyuntiva entre presencia o ausencia de estructura literaria en Santiago. Esta exploración reconoce, sin embargo, que este reconocimiento de Dibelius debe tenerse muy en cuenta a la hora de sopesar la evidencia sobre el tema que nos ocupa. En otras palabras, la identificación que hace Dibelius dela existencia de una “unidad característica y vigorosa” en la epístola de Santiago cobra mayor envergadura en la valoración de la evidencia por su claro sesgo a favor de una configuración parenética en Santiago.

    Por otro lado, en los estudios de estructura literaria en la epístola de Santiago es ampliamente conocida y reconocida la atribución de parénesis que Dibelius hace de Santiago, al punto de que su reconocimiento de cierto grado de unidad en Santiago es, con frecuencia, ignorado. Para Dibelius, las admoniciones que configuran una parénesis se caracterizan por ser dichos tradicionales de ética y sabiduría que se compendian de manera suelta y sin una verdadera relación estructural ni coherencia entre ellos.[19] Aunque Dibelius admite algunas conexiones formales a través de la asociación de palabras que ayudan a conectar ideas para captar la atención del lector, como el verbo λείπω (faltar) en 1:4 y 1:5, y el sustantivo, y su participio cognado, πειρασμός (prueba / tentación) en 1:12 y 1:13; así como a través de repetición temática en lugares distintos, como los temas de la oración de fe en 1:5-8 y 5:16ss., de la mansedumbre en 1:21 y 3:13ss., y de la perseverancia o resiliencia en 1:2-4, 12 y 5:7ss., él niega enfáticamente cualquier continuidad estructural en Santiago cuando afirma que “todo el documento adolece de continuidad de pensamiento”.[20] Además, aun los tres tratados que él reconoce en Santiago 2 y 3 son entendidos por Dibelius simplemente como “expansiones de dichos parenéticos”.[21]

    Dibelius entiende además que la epístola de Santiago, dado su género parenético, carece de originalidad. Ello quiere decir que el autor de la epístola, en vez de estructurar su exhortación, simplemente compendió dichos de aplicación universal. Esta carencia de originalidad conduce a Dibelius a negar la existencia de teología alguna en Santiago, aunque admite cierto énfasis cristiano en las admoniciones éticas de Santiago.[22]

    El comentario de Dibelius no oculta la asignación de mucho más peso a la, según él, aparente configuración parenética de la epístola de Santiago, y con ello, a lo que él identifica como ausencia de coherencia, de originalidad y de teología, que a la “unidad característica y vigorosa” que él también reconoce en Santiago. Este evidente sesgo de Dibelius a favor de la configuración parenética en Santiago coincide con su trabajo pionero sobre la crítica de las formas en los evangelios.[23] No es difícil colegir que el sesgo de Dibelius a favor de la configuración parenética de la epístola de Santiago pudo surgir por su proclividad a las formas de las tradiciones orales de los primeros cristianos. En ese contexto de coincidencia del énfasis de Dibelius por las formas en los textos neotestamentarios y de su inclinación parenética en la estructura literaria de Santiago, su reconocimiento de “unidad característica y vigorosa” en Santiago es de gran valor.

    La tensión en cuanto a la existencia de estructura o no en la epístola de Santiago sigue presente en el debate contemporáneo. Bauckham, por ejemplo, quien descalifica como inane la búsqueda de coherencia lógica en Santiago, encuentra acertada la comprensión de Dibelius sobre la estructura literaria de Santiago cuando afirma que “Dibelius estaba en lo cierto al reconocer que Santiago no exhibe la clase de coherencia que surge de una secuencia de argumentos o de una progresión lógica que abarque toda la obra…. (Aunque,) él exageró la incoherencia y el carácter fortuito de la literatura parenética”.[24] En el otro extremo, encontramos a Taylor, quien argumenta a favor de una estructura coherente en Santiago en su arduo trabajo de tratar de identificar las relaciones formales en el texto de Santiago, y quien afirma que “la vieja presuposición parenética de Dibelius ha sido, básicamente, abandonada en los estudios recientes”.[25] La exploración de otros estudios relativamente recientes mostrará que el estado del arte de esta discusión sobre estructura literaria en la epístola de Santiago se ubica entre estos dos extremos representados por Bauckham y Taylor. De todas formas, las observaciones de Dibelius sobre las incoherencias estructurales de Santiago deben constituir, por lo menos, un llamado a la moderación en la exploración de la estructura literaria de Santiago, teniendo en cuenta la evidentemente compleja configuración literaria de Santiago. Lo que sí se puede concluir es que con el estudio de Fred O. Francis, que se explora a continuación, comenzó una tendencia a cuestionar las presuposiciones de Dibelius en cuanto a la estructura literaria de la epístola neotestamentaria de Santiago.


“Forma literaria epistolar”

    El estudio de Fred O. Francis, en el que se identifica una “forma literaria epistolar” en Santiago, constituye otro trabajo relevante sobre la estructura literaria de Santiago, toda vez que otros trabajos más recientes como los de Peter H. Davids, Timothy B. Cargal, Luke L. Cheung, y el de Mark E. Taylor, atestiguan del gran impacto de su artículo, breve por cierto, al haber comenzado a cuestionar las presuposiciones de género parenético de la epístola de Santiago defendidas por Dibelius y a explorar más la estructura en Santiago.[26]

    Francis identifica un género literario epistolar en Santiago por vía de comparar esta epístola con epístolas helenísticas, tales como el intercambo de cartas entre Salomón e Hiram que se encuentran registradas en las Antigüedades de Josefo,[27] y la carta de Demetrio a los judíos que se encuentra registrada en Primera de Macabeos 10:25-45, y en cartas cristianas tempranas como Primera y Segunda de Tesalonicenses; en las que Francis identifica el formato de una doble introducción.[28] Al encontrar estas epístolas como contentivas de una repetición de temas, con párrafos que encabezan cada uno de los componentes de la doble introducción, Francis sugiere que los pasajes de Stg 1:2-11 y 1:12-25 conforman una doble introducción, a partir de los conceptos de “gozo” y “bendición” como términos litúrgicos que encabezan cada uno de los párrafos de la doble introducción. Si las cosas son así, argumenta Francis, ello constituye un indicio de la intención del autor para darle una estructura epistolar a Santiago.[29] Cada uno de estos párrafos contiene, según Francis, los mismos tres temas de “prueba/paciencia, palabras de sabiduría/reproches, y ricos-pobres/hacedores de la Palabra”.[30] Francis sugiere, además, que estos tres pares de temas son desarrollados en 2:1-5:6, el cuerpo del texto, y que el asunto de “la prueba es el interés temático que subyace el argumento de Santiago”.[31]

    También sugiere Francis que los temas de exhortación escatológica, oración, juramento, salud de los destinatarios, y la preocupación por los que “son engañados (o extraviados)” que se encuentran en Stg 5:7-20 son fórmulas de cierre, características de epístolas helenísticas y de epístolas cristianas tempranas. Con todos estos argumentos, Francis aboga por revaluar el carácter literario de Santiago y por verla como una epístola con estructura literaria, “a la luz de su coherencia literaria-temática sustancial”.[32]

    La siguiente es la estructura literaria resultante que Francis sugiere para Santiago.[33]

1. 1:1              Autor, destinatarios, saludo
2. 1:2-27         Doble introducción
                       1:2-11  Un párrafo encabezado por el término litúrgico “gozo”
                       1:12-25  Un párrafo encabezado por el término litúrgico de “macarismo” (o “bienaventuranza”)
                       1:26-27  Dos bisagras literarias como recapitulación de la introducción
3. 2:1-5:6        Cuerpo epistolar de dos partes
                         2:1-26  Fe y obras preferenciales que descuidan al prójimo
                         3:1-5:6 Proclividad por palabras, sabiduría y posición que genera conflicto
4. 5:7-20         Admoniciones de cierre
           
    El artículo de Francis exhibe cierta coherencia que es atractiva pero, de manera retrospectiva, se percibe que su gran impacto no es comparable con su brevedad. Es muy posible que la brevedad de su artículo no le permitiera sustanciar de manera suficiente sus aseveraciones, con pretensiones de gran alcance en cuanto a la estructura literaria de la carta. El estudio de Taylor sobre la estructura de Santiago, que se analizará en la segunda parte de esta exploración, evidencia que las aseveraciones de Francis requieren una sustanciación más completa. Tres instancias de esta afirmación tienen que ver con las siguientes aseveraciones de Francis, ya mencionadas aquí, “la prueba es el interés temático que subyace el argumento de Santiago”, la “coherencia temática sustancial”, y la repetición temática de lo que él sugiere como una doble introducción en el capítulo uno de Santiago.[34] Cualquier presuposición de argumento subyacente, de coherencia temática, o de repetición temática en una presunta doble introducción en Santiago, requiere ser sustanciada plenamente. Este requerimiento es más exigente debido a la evidente complejidad de la estructura literaria de la epístola de Santiago. El problema de la diversa multiplicidad temática que los analistas sugieren para Santiago confirman lo pertinente de este requerimiento.[35] Scot McKnight indica, en uno de los comentarios más recientes sobre Santiago y con gran agudeza, que “Santiago delibera en muchas direcciones de manera simultánea”.[36] Taylor también destaca los “numerosos temas interactivos” en Santiago.[37]

    Esto no quiere decir, sin embargo, que toda esta diversa multiplicidad temática alcance la categoría de énfasis central en Santiago como, erróneamente, sugiere Francis cuando identifica “la prueba” como tal. En otras palabras, si bien Santiago contiene una innegable multiplicidad temática, ello no quiere decir que todos los temas mencionados en Santiago constituyan énfasis central de la epístola. Esta negación encuentra pertinente la indicación de Cheung, “la repetición de diferentes temas en Santiago es tan común que es muy difícil evitar ser subjetivo en la escogencia del tema que uno le impone a la organización de dicho trabajo”.[38] Esta exploración develará un interés temático subyacente al argumento de Santiago, distinto al de la prueba que identifica Francis, y que tiene que ver con las implicaciones de la sabiduría de lo alto en el cumplimiento de la ley de Dios a favor de los pobres y menesterosos. Existe por lo menos una falta de precisión en la identificación que hace Francis. Cierto es que la prueba, o mejor, las vicisitudes de la vida, los tropiezos con los preocupantes problemas poliformes que se presentan en la vida, es el punto de partida de la epístola.[39] Pero de allí a afirmar que este es el interés temático subyacente al argumento de Santiago deja un vacío estructural. Francis no sustancia la identificación que él hace de la prueba como interés temático subyacente al argumento de Santiago. Se percibe en Francis el vacío de una exploración más acompasada con la complejidad de la estructura literaria de Santiago. Una exploración así crea un camino más certero para identificar el interés temático y otros aspectos exegéticos fundamentales de la epístola.

    Además, la sugerencia de Francis de una doble introducción de Santiago puede malograrse si fue un contexto judío ─en vez de un contexto helenístico como él afirma─, el que determinó mayormente la estructura de la epístola.[40] Aun si se concede cierta influencia del ambiente helenístico en la epístola de Santiago, dicha influencia podría limitarse a la forma de la doble introducción y no a lo temático, ni a lo que algunos comentaristas como Francis y Davids han identificado en Santiago, particularmente en el capítulo 1, como repetición temática. El presente trabajo argumenta en contra de la repetición temática en Santiago 1 que sugiere Francis y que, desafortunadamente, ha hecho carrera.[41]

    A pesar de estos cuestionamientos, rescatamos el impulso que el artículo de Francis dio a la continuada búsqueda de estructura literaria en Santiago con su identificación de una forma literaria epistolar, lo que permitió romper la tendencia de entender la ausencia de estructura en Santiago como un fait accompli, generada por el merecidamente reconocido comentario de Dibelius. Algunos de los elementos mencionados aquí condujeron a Peter H. Davids a adoptar el estudio de Francis en su también influyente comentario sobre Santiago, en el que sugiere que Santiago es un trabajo redactado. Davids contradice así a Dibelius quien lee a Santiago como un trabajo compendiado. Esta primera parte de esta exploración incluye entonces el análisis de Davids que se hace a renglón seguido.


Un trabajo redactado

    Peter H. Davids, con su énfasis en ver a Santiago como un trabajo redactado, introdujo un viraje en el estudio de la estructura de la epístola. La tendencia a leer la epístola como una colección fortuita de discursos y de admoniciones éticas generales establecida bajo la influencia de Dibelius, encontró en los trabajos de Davids un serio cuestionamiento, el cual fue cada vez más acogido a pesar de que no resolvió plenamente el enigma de la estructura literaria de Santiago.[42] Davids avanzó el argumento de que Santiago es el resultado de una redacción en dos etapas, o en otras palabras: el escrito canónico de Santiago que tenemos hoy en día es la versión final, en formato de epístola cristiana, de una serie de homilías que se predicaban en las sinagogas judías y de varios dichos sapienciales.[43] Esa serie de homilías y de dichos sapienciales constituye, según Davids, la etapa inicial de la redacción de la epístola de Santiago. Davids planteó como razón de su argumento cierta relación y articulación entre los discursos y los dichos en Santiago que crean “una mayor integralidad” y un patrón definitivo de repetición temática.[44]

    Como se mencionó antes, Davids adoptó el argumento principal de Francis que identifica una forma literaria epistolar en Santiago y enfatizó la intencionalidad del autor de la epístola como se hace evidente, según Davids, en la estructura sugerida por Francis. Davids validó esa estructura con la observación de que los tres temas centrales de prueba, sabiduría y pobreza son introducidos en la primera mitad y expandidos en la segunda mitad de la introducción doble en el primer capítulo de Santiago. Según Davids, estos tres temas, son, a su vez, tratados en el cuerpo principal de la epístola en orden contrario al orden en el que estos temas aparecen en la doble introducción, generando así la siguiente estructura.[45]
  1. Prueba que produce gozo (1:2-4), y bendición (1:12-18). Este tema es desarrollado en el cuerpo principal de la epístola como prueba a través de la riqueza (4:13-5:6).
 
  1. Sabiduría a través de la oración (1:5-8) y hablar con pureza y sin ira (1:19-21). El tema de la sabiduría es desarrollado aun más en el cuerpo principal de la epístola como admonición a favor de hablar con pureza (3:1-4:12).
 
  1. La pobreza sobrepasa la riqueza (1:9-11), y la obediencia demanda generosidad (1:22-25). Este eje temático de pobreza/riqueza en 1:9-11 y generosidad en 1:22-25 es seguido de un resumen y una transición en 1:26-27. Los temas de pobreza y generosidad son desarrollados en el cuerpo principal de la epístola como la excelencia de la pobreza y de la generosidad (2:1-26). La pobreza, según Francis y Davids, es el último tema de los dos párrafos de la doble introducción (1:2-11 y 1:12-25), mientras que es el primer tema desarrollado en el cuerpo principal de la carta (2:1-5:6).
 
  1. El cierre epistolar (5:7-20) incluye un resumen de los tres temas de prueba, sabiduría y pobreza (5:7-11), admonición contra el juramento (5:12), oración y perdón (5:13-18), y una palabra de ánimo para el arrepentimiento (5:19-20).
 
    Davids se equivoca donde también lo hizo Francis: en la sugerencia de la repetición temática que ellos ven como una introducción doble en Santiago. Davids trata de encontrar una argumentación más coherente para la sugerencia de Francis, al avanzar la idea de una expansión temática en la segunda mitad de la introducción doble. Davids aclara esta idea de la siguiente manera: El tema de la prueba de la primera mitad de la introducción doble es desarrollado como bendición en la segunda mitad; el tema de sabiduría de la primera mitad de la introducción doble es desarrollado como “habla con pureza y sin ira” en la segunda mitad; y el tema de “pobreza sobrepasa la riqueza”, es desarrollado como “obediencia demanda generosidad” en la segunda mitad de la introduction doble.

    La propuesta de correspondencia temática, avanzada por Davids, aunque ingeniosa, es problemática. El siguiente análisis de la posible estructura sintáctica del primer capítulo de la epístola de Santiago deja en entredicho la tesis de Francis y de Davids de una introducción doble en el primer capítulo de Santiago, y por ende también la propuesta de correspondencia temática de Davids. El mandamiento γίνεσθε δὲ ποιηταὶ λόγου, que significa “y sed hacedores de la palabra” en 1:22,[46] debe ser entendido como aplicable a la vida en general, aun en medio de los tropiezos con los preocupantes problemas poliformes (1:2). Este mandamiento no debe restringirse a uno solo de los asuntos tratados en 1:2-20. Más específicamente, el mandamiento de ser hacedores de la palabra no debe restringirse al problema de la ira de 1:20, o al tema de la riqueza y de la humildad de 1:9-11 y 1:22-25 como sugiere Davids. Para él, el mandamiento de ser hacedores de la palabra es aplicable a este asunto por ser el último de los temas tratados y por ser el asunto que precisamente precede este mandamiento. Esta lectura de Davids desconoce la importante función que cumple la conjunción inferencial διό, (por lo tanto), en 1:21. Si el análisis sintáctico que se hace en los dos párrafos siguientes resulta correcto, entonces la división de Santiago 1 se encuentra entre 1:20 y 1:21, y no entre 1:21 y 1:22 o en alguna otra parte, como la mayoría de los comentaristas sugieren.[47]

    El contexto es el factor crucial que determina las fronteras de la idea o ideas que Santiago incorpora en 1:2-20. La conjunción διό (por lo tanto) de 1:21 conectaría así esa idea o ideas de 1:2-20 con la exhortación de 1:21ss.[48] Las diferentes divisiones que los comentaristas sugieren de Santiago 1, particularmente de los versículos alrededor de la conjunción inferencial διό (por lo tanto) en 1:21, reflejan las diferentes fronteras de la idea o ideas de Santiago 1 presentadas antes de esta conjunción. En otras palabras, cuando un intérprete de Santiago 1 ubica la división en 1:18, por ejemplo, ese intérprete abarca solo las ideas presentadas en 1:19-20 para conectarlas a la exhortación que sigue después de la conjunción en estudio. Esta exploración sugiere que 1:2-20 constituye un conjunto de convicciones y comportamientos de la audiencia de Santiago que él rechaza y relacionados con ausencia de sabiduría de lo alto y duda en cuanto a su pertinencia para enfrentar los tropiezos con los preocupantes problemas poliformes (1:5-8), soberbia aupada por las riquezas (1:9-11), actitud de acusar a Dios de ser el culpable de confabularse con el mal (1:12-15), predisposición de forzar a Dios a cambiar (1:16-19) y la pretensión de que nuestra ira establece la justicia de Dios (1:20). Si esto es así, como esta exploración afirma, entonces la frontera sintáctica de la conjunción inferencial διό (por lo tanto) de 1:21, se extiende desde 1:2 hasta 1:20.

    Santiago utiliza entonces la conjunción inferencial para exhortar a una reorientación de las convicciones y comportamientos de su audiencia, rechazando, a partir de la palabra implantada, la inmundicia y la abundancia de malicia representadas en ese conjunto de convicciones y comportamientos (1:21). La discusión de Santiago 1 tiene que ver entonces con cómo enfrentar los tropiezos con los preocupantes problemas poliformes. La audiencia de Santiago lo hace con el conjunto de convicciones y comportamientos descritos aquí, a la luz de 1:2-20, mientras que el autor rechaza esa respuesta y apela a la palabra implantada, la palabra recibida, que resulta ser la palabra de Dios (1:21). Esta ubicación de la división de Santiago 1 entre 1:20 y 1:21 encuentra así una función sintáctica mucho más importante para la conjunción inferencial διό de 1:21 que la sugerida por la mayoría de los comentaristas que ubican la división en otras partes. Aunque Dibelius ubica la división en 1:18, él observa que 1:21-25 es la parte principal de la sección de 1:19-27 y que 1:21 constituye la transición al tema de sometimiento a la palabra que puede salvar, desarrollada en 1:21-25.[49] Por su parte, Johnson indica, en cuanto a 1:13-21 que “el contraste se mantiene entre dos estilos de vida basados en dos cosmovisiones de la realidad”[50] Otro argumento que favorece la ubicación de la división entre 1:20 y 1:21 se encuentra en el viraje de alto nivel que Taylor identifica entre estos versículos.[51] La introducción doble que tanto Francis y Davids asignan al primer capítulo de Santiago pierde pues validez. Hay más evidencia para leer Santiago 1 como la descripción, por un lado, de la predisposición de la audiencia de Santiago para hacer frente a los tropiezos con los preocupantes problemas poliformes (1:2-20); predisposición que el autor rechaza, exhortando más bien, por otro lado, a abandonar la abundancia de malicia y someterse a la palabra salvífica (1:21-27).

    A pesar de estos cuestionamientos a las tesis avanzadas por Davids en cuanto a la estructura literaria de la epístola de Santiago, su contribución es valiosa para esta exploración gracias a su insistencia en la evidente intención del autor de Santiago para tener un trabajo redactado y estructurado. El autor de Santiago, según Davids, estructura intencionalmente su texto, utilizando ciertos temas relacionados y un patrón definido en la edición de varios discursos y dichos sapienciales, produciendo un texto unificado.


Conclusión


    Esta primera parte de la exploración de la estructura literaria más posible de la epístola neotestamentaria de Santiago evidencia que los estudios más relevantes y pertinentes favorecen la identificación de una estructura en Santiago. Aun Dibelius, el pionero de ver en Santiago un género parenético, reconoce una “unidad característica y vigorosa”. Este reconocimiento debe destacarse, dado el sesgo evidente de Dibelius en contra de hallar estructura en Santiago y dada la tendencia que contradice sus conclusiones que favorecen una configuración parenética en Santiago. También se ha establecido la influencia del breve artículo de Francis para comenzar a cuestionar la anterior tendencia de leer la epístola de Santiago como un compendio de discursos y dichos sapienciales y verla más bien como una estructura con forma literaria epistolar. Finalmente, aunque se infirma la sugerencia de Davids de una repetición temática en una ─también cuestionada─ doble introducción de Santiago 1, se reconoce la característica de Santiago como un trabajo redactado y la intencionalidad de su autor para producir un texto unificado con temas que se relacionan entre sí.

    Se reconoce que lo visto hasta aquí no constituye evidencia suficiente para concluir que la epístola de Santiago sí tiene una estructura literaria evidente, ni para afirmar que ella tiene una estructura literaria de paralelismos, en vez de una progresión lineal de pensamiento. Sin embargo, lo visto hasta aquí sí permite afirmar que existen fuertes indicios que favorecen la presencia de estructura literaria en la epístola neotestamentaria de Santiago.


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[1] Kevin J. Vanhoozer, Is There Meaning in This Text? The Bible, The Reader, and The Morality of Literary Knowledge (Grand Rapids: Zondervan, 1998), 253. Esta y otras traducciones al español de citas bibliográficas en idiomas extranjeros son del autor del presente artículo, a menos que se especifique lo contrario.
[2] Vanhoozer, Meaning, 343.
[3] François Vouga, L’Épitre de Saint Jacques (Ginebra: Labor et Fides, 1984), 18. Ver también Luke Timothy Johnson, The Letter of James (New Haven, CT: Doubleday, 1995), 13; Douglas J. Moo, The Letter of James, Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2000), 44; and Mark Edward Taylor, A Text-Linguistic Investigation into the Discourse Structure of James (Nueva York: T&T Clark, 2006), 3.
[4] Grant R. Osborne, The Hermeneutical Spiral. A Comprehensive Introduction to Biblical Interpretation, edición revisada y ampliada (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2006), 113.
[5] Ver Martin Dibelius, James, edición revisada por Heinrich Greenven y traducida por Michael A. Williams (Philadelphia: Fortress, 1976 [1920]); y Mark Edward Taylor, A Text-Linguistic Investigation into the Discourse Structure of James (Nueva York: T&T Clark, 2006).
[6] Cf. Taylor, Investigation, 3; Mark E. Taylor and George H. Guthrie, “The Structure of James,” Catholic Biblical Quarterly 68 (2006): 681; y Craig L. Blomberg and Mariam J. Kamell, James, Exegetical Commentary on the New Testament (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2008), 23-27.
[7] Luke L. Cheung, The Genre, Composition and Hermeneutics of James (Carlisle, Reino Unido: Paternoster, 2003), 52.
[8] En cuanto al gran número de verbos en imperativo en Santiago, ver Grant R. Osborne, “James”, en Cornerstone Biblical Commentary, vol. 18, James, 1-2 Peter, Jude, Revelation, editado por Philip W. Comfort (Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, 2011), 8; y Douglas J. Moo, The Letter of James, The Pillar New Testament Commentary (Grand Rapids: Eerdmans, 2000), 1. La búsqueda en Gramcord, un sistema electrónico del idioma griego, arroja cincuenta y cinco ocasiones del uso de verbos en imperativo en los ciento ocho versículos de la epístola de Santiago. La función de dos de esos imperativos, Ἄγε en 4:13 y en 5:1, es de interjección exclamativa que introducen otros asuntos. (Cf James L. Boyer, “A Classification of Imperatives: A Statistical Study,” Grace Theological Journal. 8 [1987]: 37). Cheung, Genre, 37, indica que una búsqueda sintáctica en Bible Work, otro sistema de búsqueda electrónico, arroja un resultado de cincuenta y dos verbos en imperativo y un participio que funciona como imperativo.
[9] Cf. Johannes P. Louw y Eugene A. Nida, eds., Greek-English Lexicon of the New Testament: Based on Semantic Domains, 2a. edición, vol. 1 (Nueva York: United Bible Societies, 1989), 89.87, 89.94, y 89.124; y Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, editado por Frederich W. Danker, 3a. ed. (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 213.
[10] Richard Bauckham, James: Wisdom of James, Disciple of Jesus the Sage (Nueva York: Routledge, 1999), 34-60.
[11] Cf. Johnson, James, 13.
[12] Dibelius define parénesis como “un texto que articula admoniciones éticas generales”. Dibelius, James, 3.
[13] Ver Timothy B. Cargal, Restoring the Diaspora: Discursive Structure and Purpose in the Epistle of James (Atlanta: Society of Biblical Literature, 1993), 9. Ver también Bauckham, James, 61.
[14]Dibelius, James, 48.
[15]Dibelius, 48. Para Dibelius, la piedad del pobre en Santiago se caracteriza por “una actitud que manifiesta antipatía contra el mundo, desconfianza de los asuntos ‘seculares’, advertencia contra la arrogancia, sumisión humilde ante Dios”, y … “reproche contra el rico”.
[16] Dibelius, James, 34.
[17] Dibelius, James, 38. Paréntesis del autor de la obra citada.
[18] Dibelius, James, 38.
[19] Ver Dibelius, James, 1 et passim.
[20] Dibelius, James, 2. Cursivas originales.
[21] Dibelius, James, 3.
[22] Ver Dibelius, James, 3 et passim. El énfasis cristiano que Dibelius identifica en la epístola de Santiago no equivale a una ‘teología’ debido a la ausencia de una exposición comprehensiva de la fe cristiana, argumentando que Santiago no menciona la muerte y resurrección de Jesucristo, aunque sí reconoce la influencia de los pronunciamientos de Jesús en dicha epístola.
[23] Como se sabe, la crítica de las formas trata de identificar las diferentes unidades de contenido de la fe, las diferentes historias, anécdotas, dichos, discursos, parábolas, etc., de la vida de Jesús y sus enseñanzas, las diferentes tradiciones que se trasmitían oralmente entre los primeros creyentes, las diferentes informaciones acerca de los hechos de la salvación, que llegaron a ser preservados en los escritos del Nuevo Testamento. Aunque originalmente la crítica de las formas relacionada al Nuevo Testamento se aplicó a los evangelios, sus postulados también son aplicables a los estudios de otros textos neotestamentarios, como fue precisamente el caso de Dibelius con su ampliamente reconocido comentario sobre Santiago. También es ampliamente reconocido su trabajo Die Formgeschichte des Evangeliums, publicado originalmente en 1919 y cuya sexta edición (de 1971) fue traducida al español como La historia de las formas evangélicas, por Juan Miguel Días Rodelas y publicado por Edicep en 1984.
[24] Bauckham, James, 62.
[25] Taylor, Investigation, 33.
[26] Fred O. Francis, “The Form and Function of the Opening and Closing Paragraphs of James and I John”, ZNW 61 (1970). Este artículo de 16 páginas dedica no más de la mitad de su extensión a la epístola de Santiago.
[27] Josefo, Antigüedades de los judíos, 8.2.6-8.
[28] Francis, “The Form and Function”, 112.
[29] Francis, “The Form and Function”, 117.
[30] Francis, “The Form and Function”, 118.
[31] Francis, “The Form and Function”, 119.
[32] Francis, “The Form and Function”, 126.
[33] Francis, “The Form and Function”, 120.
[34] Francis, “The Form and Function”, 126.
[35] Ver, entre otros, Joseph B. Mayor, The Epistle of James (Grand Rapids, MI: Kregel, 1990 [1913]), especialmente las páginas 146 al 192; Peter H. Davids, The Epistle of James; A Commentary on the Greek Text; The New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982), 34; Elsa Tamez, The Scandalous Message of James: Faith Without Works is Dead, edición revisada (Nueva York: The Crossroad Publishing Company, 2002), 13 et passim; Bauckham, James, 67 et passim; John H. Elliott, “The Epistle of James in Rhetorical and Social-Scientific Perspective: Holiness-Wholeness and Patterns of Replication,” in The Social World of the New Testament, edited by Jerome H. Neyrey and Eric C. Stewart (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, 2008), 105-122; y Vouga, L’Épitre, 24-25.
[36] Scot McKnight, The Letter of James (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2011), 3.
[37] Taylor, Investigation, 97.
[38] Cheung, Genre, 54.
[39] La expresión “tropiezos con los preocupantes problemas poliformes” trata de respetar la figura de la aliteración de Santiago 1:2 πειρασμοῖς περιπέσητε ποικίλοις.
[40] Por ejemplo, Bauckham, James, 63, sugiere que el género de Santiago es de parénesis de sabiduría. Con esta identificación, Bauckham confirma su comprensión de Santiago como el resultado de influencias sapienciales judías; Cheung, Genre, 42, también lee Santiago como “instrucción sapiencial judía”.
[41] Cheung, Genre, 60, observa que Santiago pudo haber utilizado algunas formalidades de una doble introducción, pero no la forma exacta.
[42] Cf. Taylor, Investigation, 8-10.
[43] Davids, Epistle, 22. Davids cita a W. W. Wessel, “An Inquiry into the Origin, Literary Character, Historical and Religious Significance of the Epistle of James,” disertación doctoral (Edinburgo, 1953), para avanzar la hipótesis de la presencia en Santiago de características propias de las homilías que se predicaban en las sinagogas judías. Ver también to argue for the presence of features of the Jewish synagogue homily in James. See also Todd C. Penner, “The Epistle of James in Current Research”, Currents in Research: Biblical Studies, 7 (1999): 266-267.
[44] Davids, Epistle, 23.
[45] Davids, Epistle, 29.
[46] Esta es una ocasión de ambigüedad de la conjunción pospositiva δέ (de) que, en ocasiones, debe traducirse como “pero” y en otras como “y”. Como se indicó arriba, esta conjunción, en el idioma griego, puede ser adversativa o continuativa. La explicación dada aquí sobre la función de la conjunción inferencial διό, (por lo tanto), favorece la traducción de la conjunción pospositiva δέ en 1:22 como continuativa, en consecuencia debe se traduce aquí como «y».
[47] Taylor, Investigation, 50, nota que “muy pocos comentaristas disciernen un viraje en el texto entre 1:20 y 1:21”. Moo, James, 85, también observa el hecho que la mayoría de los comentaristas ubican la division entre 1:21 y 1:22.
[48] Cf. la explicación sobre la función de conjunciones en general y de esta conjunción inferencial en particular dada por Daniel B. Wallace, The Basics of New Testament Syntax (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2000), 294-302. Ver también Walter Bauer, A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature, editado por Frederick W. Danker, 3a. edición (Chicago: University of Chicago Press: 2000), 250; y F. Blass y A. Debrunner, A Greek Grammar of the New Testament and Other Early Christian Literature, editado y traducido al inglés por Robert W. Funk (Chicago: The University of Chicago Press, 1961), § 451(5).
[49] Dibelius, James, 112. Cf. McKnight, Letter, 140.
[50] Johnson, James, 205.
[51] Taylor, Investigation, 50-51.